LOS DESCENDIENTES DE LOS JUDÍOS DE KAIFENG: ENTRE LA IDENTIDAD RENACIDA Y LA IDENTIDAD DESAPARECIDA

Las características y orígenes de los judíos de la China

¿Hay judíos chinos? El tema de la China en general y de los judíos de la China en particular, parece estar envuelto en la bruma de las leyendas exóticas, tanto por la distancia geográfica con el Lejano Oriente como por los intentos de la China de desconectarse del resto del mundo y por su tenaz voluntad de preservar su identidad peculiar. La judería china es una de las comunidades judías más antiguas en el Lejano Oriente.

Las opiniones con respecto al momento de llegada de judíos a la China varían. Hay quienes dicen que estaban allí desde los comienzos de la historia judía, por ser descendientes de las diez tribus perdidas. Otros sostienen que llegaron en el primer siglo de nuestra era o aún después, en 231, con la expulsión de los judíos de Persia. Pero no caben dudas de que los judíos llegaron a la China en el siglo VII u VIII, con los primeros judíos arribados de la vecina India, o con los viajes de los mercaderes europeos por la ruta de la seda.

La China es mencionada en los textos legendarios de Eldad Hadaní, un autor hebreo de relatos de viajes imaginarios del siglo IX. Menashé Ben Israel, que vivió en el siglo XVII y escribió el famoso libro Una esperanza para Israel, menciona la existencia de judíos en la China que, en su opinión, descendían de las diez tribus perdidas. También Benjamín de Tudela encontró judíos en sus viajes a la China, si bien casi no habla de ellos.

Las características de los judíos de Kaifeng a lo largo de la historia

Entre las comunidades judías más peculiares y aisladas del mudo que cautivaron tanto a judíos como a investigadores, se cuenta la comunidad de Kaifeng, la ex capital del distrito de la dinastía Song. La comunidad logró sobrevivir durante mil años en condiciones de desconexión casi total del resto del mundo judío, hasta que se asimiló a su entorno hace unos 150 años. Sus orígenes se remontan al siglo XI, con judíos llegados de la India y de Persia. Aparentemente, la comunidad judía de Kaifeng fue descubierta en 1605 por el misionero jesuita Mathew Richards.

En el pasado, la comunidad de Kaifeng contaba con miles de miembros por la tolerancia y apertura que reinaban en la China hacia los judíos. Sus integrantes se dedicaban a diversas actividades, como el comercio, los oficios, la administración pública y el ejército. Los judíos de Kaifeng adoptaron parte de la cultura china, pero preservaron su unidad como comunidad hasta la modernidad. Su sinagoga, una combinación singular de arquitectura china y tradición judía, era uno de los edificios más impresionantes de la ciudad. El último rabino de la comunidad de Kaifeng falleció en 1867.

La sinagoga de la comunidad, construida en 1163, fue destruida varias veces y reconstruida otras tantas, hasta que en 1860 fue destruida por una creciente del Río Amarillo. A partir de entonces la comunidad empezó a disgregarse y asimilarse. En el lugar de la sinagoga no quedan vestigios de la misma, y actualmente funciona allí un hospital público. En las últimas décadas muchos soñaron infructuosamente con reconstruir “el Palacio de la Verdad Pura”, tal como la llamaban los judíos de Kaifeng. Es una especie de “sueño romántico” de muchos judíos del mundo, que lo ven como el símbolo de la renovación de la vida judía en el lugar y del resurgimiento de la identidad judía en la China.

Una de las leyendas más apasionantes narradas por los descendientes de los judíos de Kaifeng despliega la historia de éstos y de los primeros misioneros cristianos en la China. Los judíos, que nunca habían oído hablar del cristianismo, supusieron que todas las personas que creían en un solo D’s eran necesariamente judías; los misioneros, que no imaginaban que pudiera haber judíos en la China, supusieron que se trataba de “cristianos perdidos”. Cuando se descubrió el error, los cristianos trataron vanamente de convertir a los judíos, porque éstos se aferraron a su lealtad a la tradición judía (esta leyenda aparece también en el libro de la Dra. Beverly Friend y el Prof. Xu Xin, Las leyendas de los judíos chinos de Kaifeng).

El Medioevo fue la edad de oro de los judíos de Kaifeng. En los siglos XVI y XVI buscaron semejanzas entre el confucionismo y el judaísmo; aparentemente, sentían la necesidad de encontrar semejanzas entre las creencias y ritos judíos y los chinos, para demostrar que los judíos podían encontrar fácilmente denominadores comunes con la China. A tales fines, los sabios judíos prepararon textos grabados en piedras, que expresan esos elementos comunes. La comunidad judía depositó esas piedras en la sinagoga y en otros lugares en 1489, 1512, 1663 y 1679. La piedra más antigua (1489) presenta a Abraham como el fundador de la religión judía y como activo oponente de la idolatría: “Ellos no hacían ídolos, no adoraban espíritus ni demonios y no creían en supersticiones. Con respecto a la construcción de estatuillas e imágenes y a los dibujos con formas y colores, son cosas vanas y hueras”.

Pero con el paso del tiempo, los judíos de Kaifeng tuvieron dificultades para preservar su judaísmo, hasta que olvidaron cómo leer la Torá en hebreo y escribieron un Libro de la Torá en chino (el Museo Británico tiene uno de ellos). Por la influencia local y la adaptación a la agricultura regional empezaron a preparar los panes de Shabat con harina de arroz…
En una carta conmovedora de 5660 (1900), la comunidad sefardí de Shangai se dirige a los judíos de Kaifeng que se quejan de su situación espiritual y les ofrecen ayuda. La carta testimonia la situación de la comunidad en aquel entonces:
“A nuestros hermanos y afines en la redención: Hemos oído que la sinagoga resultó destruida y que no cuentan con un rabino ni maestro que les enseñe la Torá de D’s y el recto camino para servir a D’s… Ahora han olvidado todo y vendido los Libros de la Torá que aún les quedaban. No hace mucho tiempo vimos aquí, en Shangai, esos libros en manos de no judíos que los compraron hace tres o cuatro meses, y hemos oído que ustedes quieren vender los que aún les quedan, porque no hay quién sepa leerlos…

Al oír esta mala noticia, se nos ha destrozado el corazón y estamos embargados de congoja y aflicción… porque ustedes olvidaron la Torá de D’s que sus antepasados les habían enseñado, y abandonaron el culto a D’s, el Shabat, las festividades y la circuncisión. Por eso acudimos a ayudarlos y queremos enviarles emisarios de nuestro pueblo para que vean qué pasa allá… Queremos asistirlos en todo lo que podamos, para que retomen la senda de sus antepasados, que también son los nuestros… Si necesitan fondos para construir la sinagoga, trataremos de recolectarlos y de enviárselos… Si necesitan un maestro que les enseñe la Torá y las leyes, también trataremos de enviárselo, y si les parece bien venir a Shangai y vivir aquí con nosotros, les daremos ocupación y podrán hacer buenos negocios… Podrán marchar por la senda de sus antepasados… Por eso, no vendan los Libros de la Torá que aún conservan”…

El problema de la nación judía en la China

La tradición de los judíos de la China señala que tenían siete apellidos que les habían sido dados por el emperador Song de la dinastía Ming, que tenía dificultades para pronunciar sus apellidos originales. Los nuevos apellidos (Zhao, Zhang, Shi, Li, Jin, Lao y Ai) fueron preservados por las familias judías y existen hasta el presente en los descendientes de judíos.

En la China hay 56 “naciones” o “minorías” reconocidas, pero los judíos o los descendientes de judíos no se cuentan entre ellas. Este sistema se inició en 1949, por la influencia de Stalin sobre la definición de las minorías nacionales reconocidas por el gobierno central. En 1953, las autoridades chinas rechazaron el pedido de conferir a los descendientes de judíos de Kaifeng la condición de nación, situación que conlleva hasta el presente muchas limitaciones en cuanto a las posibilidades de mantener una vida religiosa pública y legal. Sólo en los últimos tiempos se supo que cuando una de las comunidades judías de la China quiso constuir una mikve (baño ritual), tuvo que convencer al gobierno de que el lugar funcionaba como un “spa”, y no como un sitio para el cumplimiento de preceptos religiosos.

La resolución de no reconocer a los decendientes de judíos com minoría nacional fue tomada también por el gobierno chino en 1953 y en 1980, porque no responden a los criterios adoptados para las otras minorías. En un interesante documento del Frente Unido del Comité Central del Partido Comunista Chino del 8 de junio de 1953, se lee: “La conclusión que se desprende es… que los judíos dispersos en Kaifeng no mantienen relaciones económicas directas entre sí, no tiene un idioma propio ni una zona de residencia conjunta, se han mezclado totalmente con la población mayoritaria en la vida política, económica y cultural. Asimismo, no presentan ninguna otra característica especial… Todo esto indica que no es de interés verlos como un grupo étnico separado, porque no son una nación judía en sí”…
Pero aunque los judíos y su religión no fueron reconocidos como una minoría nacional, somos testigos de un fenómeno muy interesante: desde el primer censo de población implementado por el gobierno comunista, los descendientes de los judíos de Kaifeng aparecen en las listas de documentos de residencia como pertenecientes a la nación “judía” (Yoho – Tai). A diferencia de ello, en otras regiones de la China no había ningún registro de los judíos por su religión, y algunas veces aparecen como parte de la mayoría china, y otras como parte de la minoría musulmana que, tanto para el gobierno como para los judíos, era el grupo más cercano al judaísmo. El registro de “judío” en el documento de identidad existió hasta 1996, ¡hasta hace tan sólo diez años! (Por supuesto, esto recuerda la inscripción de nacionalidad “judía” en los certificados de nacimiento de los judíos de Rusia, pero la diferencia radica en que ésta última está reconocida por el Estado de Israel a los fines de la Ley del Retorno, mientras que en el caso de los descendientes de los judíos de Kaifeng no lo está, algo para lo que no tengo explicación).

Es interesante señalar que los chinos no llaman a los judíos “judíos”, sino que usan la palabra china “Yoho – Tai”. El término “judío” en chino cambió varias veces con el paso del tiempo: en el pasado los judíos eran “Yetzeloya”, es decir, “Israel” o “la secta de los arrancadores de tendones” (en alusión al tendón del muslo), o “la secta de los escribas” o “musulmanes con gorros azules” (por la presunta proximidad entre el judaísmo y el Islam).

El encuentro con los descendientes de los judíos de Kaifeng

En mi visita a Kaifeng me encontré con los descendientes de judíos. Por mi condición de rabino, el grupo temía mantener una reunión formal, porque no están reconocidos como “nación” y tienen prohibido el cumplimiento de una vida religiosa. Por eso debimos recurrir a muchos “trucos”, hasta que nos encontramos en un lugar secreto y sin miradas escrutadoras.

El encuentro fue sumamente conmovedor. Los descendientes de judíos estudian hebreo y judaísmo en secreto y quieren reconectar su destino con el del pueblo judío. Las canciones Am Israel Jai y otras melodías judías sonaban naturales y emocionantes en sus bocas.

Cuando les pegunté por qué querían retornar al judaísmo y al pueblo judío, me brindaron una respuesta original que conecta la cultura china y la judía. La cultura china respeta tres principios: los padres, la sabiduría y la naturaleza. Los descendientes de los judíos de Kaifeng quieren respetar a sus padres volviendo a la religión de sus ancestros. En otras palabras, el retorno a la cultura judía proviene de la cultura china.

Después del encuentro visitamos a la familia Shi-Li, una de las más antiguas en Kaifeng, en la que había nacido una niña. Después del parto tuvieron que pagar una multa. Como se sabe, en la China está prohibido tener más de un hijo; sólo los grupos reconocidos como las 56 minorías nacionales antes mencionadas están autorizados a tener más hijos. Esta ley genera una situación especial, por la cual muchos judíos prefieren registrarse como musulmanes (que, en su opinión, son la religión más próxima al judaísmo) para poder tener más de un hijo. Cuando la Sra. Shi-Lin quedó embarazada y la pareja fue al hospital para hacer los estudios correspondientes, los médicos le exigieron que abortara. La familia no estaba dispuesta a hacerlo, y por eso la señora se trasladó a una aldea alejada hasta el momento del parto.

Cuando pedí a mis anfitriones que me llevaran al cementerio judío, me explicaron que la comunidad no tenía un cementerio central, sino varios cementerios “familiares”, y que cada familia descendiente de judíos tiene el suyo propio. Visitamos el pequeño cementerio de la familia Jin, que simboliza la antigua relación de los judíos de Kaifeng con el judaísmo, en donde vimos una placa recordatoria colocada por la familia, y un monumento que señala su árbol genealógico en los últimos siglos.

En los últimos años se pude percibir un despertar judío en Kaifeng, a partir de la declinación del comunismo. Se debe recordar que en 1992 se abrió la Embajada de Israel en la China, acto que los descendientes de judíos vieron como un símbolo que les hizo confiar en recibir apoyo del Estado de Israel para preservar su judaísmo, algo que no sucedió.
En el siglo pasado el mundo judío empezó a demostrar interés en los descendientes de judíos de Kaifeng. El judaísmo de Kaifeng constituye un vínculo singular entre el mundo judío y la historia de los judíos en Oriente. Pero a pesar de que hoy en día los descendientes de las familias judías originarias de Kaifeng se vuelven a reunir y tratan de revivir sus antiguas costumbres y la tradición judía, no gozan de reconocimiento ni apoyo estatal. Quieren ser reconocidos como minoría o como nación judía y recuperar la inscripción correspondiente de “Yoho – Tai” en sus documentos de identidad y residencia. La postura oficial es que los descendientes de judíos se asimilaron por completo y desaparecieron. Resulta difícil calcular cuántas personas se identifican como descendientes de los judíos de Kaifeng, pero el número oscila entre algo menos de 1.000 y 5.000.

En los últimos años llegaron a Israel varias familias e individuos descendientes de los judíos de Kaifeng, que a pesar de no ser reconocidos como judíos con derecho a la Ley del Retorno, pasaron la conversión ortodoxa y lograron cumplir su sueño de retornar al pueblo judío.

Entre la cultura israelí y la china

Los judíos y los chinos son dos pueblos de antigua data que lucharon, cada uno a su manera, para preservar su tradición e identidad en procesos de modernización. Una diferencia es que los chinos, más que otros pueblos, están aislados y concentrados en un solo lugar, mientras que los judíos son el pueblo más disperso del mundo.

La relación más interesante entre los chinos y los judíos aparece precisamente en el Tratado Teológico-Politico de Spinoza, que entendió la gran probabilidad de que las dos civilizaciones más antiguas del mundo recuperaran su independencia, porque ambas preservaban tenazmente sus diferencias específicas. Fue el primero en entender que, aparentemente, hay una ley histórica común aplicable a judíos y chinos por igual. En su libro, Spinoza compara los dos signos externos que preservan la peculiaridad de estos pueblos: la circuncisión en los judíos y la trenza en los chinos…
Con el telón de fondo de la gran China, considerada como una de las potencias del mundo moderno, la larga historia de los emperadores chinos, su cultura peculiar y el poder del Partido Comunista hasta hace poco tiempo, la prolongada existencia de una pequeña comunidad judía en Kaifeng debe ser vista algo asombroso; por otra parte, el actual despertar y renacimiento de la comunidad de los descendientes de judíos en Kaifeng, y su deseo de retornar a la fe de sus antepasados deben ser vistos como un milagro. El destino de esta comunidad histórica no se ha decidido aún, y la historia habrá de enseñarnos cuáles serán su futuro y su sino.

Rabino Eliahu Birnbaum

LA VIDA JUDIA EN POLONIA

En Polonia, a veces puede ser difícil encontrar un rastro de judaísmo.

Cuando la historia familiar no es contada, cuando los ancestros no son nunca mencionados y cuando el tema mismo es siempre silencioso.

Durante Shabat, uno de todos los que pase en Varsovia, la capital de Polonia, unas jovencitas se me acercaron. Una de ellas se presentó a si misma: Anya, estudiante de comunicaciones en la universidad local, y me dijo: “mi madre se rehúsa a decirme, quién era mi padre, así que yo debo de ser judía”. Esto es algo común dentro de la realidad polaca a principios del siglo XXI: cientos, quizás miles de personas no sabían si tenían o no, raíces judías. Algunas sentían interés por el judaísmo, y otras lo reprimían.

COMO ERA ESE ENTONCES

Antes del holocausto, cerca de 3.5 millones de judíos vivían en Polonia. Esta basta tierra era una tremenda fuente de vida judía por cientos de años, hasta el punto que en Israel, Polonia era conocida como “Poh-lin” , “Poh-lan-yah”, que literalmente significa : Aquí está Di-s.
Casi todos los judíos de Polonia fueron asesinados durante el régimen nazi, solo un décimo sobrevivió.

En Polonia después de la guerra, fue posible sacarlos. La mayoría de los sobrevivientes llegaron a campamentos de inmigración, o hicieron Aliá. Pero, una parte de los judíos sobrevivientes decidió regresar a sus hogares, en búsqueda de sus familiares y pertenencias, y trataron de continuar su vida después del disruptivo pasado. Ellos, entre otros judíos que por diferentes razones se encontraban en Polonia, o en partes de Alemania, retornaron a Polonia después de la guerra, su base como población judía. En Cracovia, Varsovia, asentamientos, y pequeñas villas, estos judíos trataron de recomenzar sus vidas.
Excepto que esta vez, era casi siempre, una vida sin judaísmo, y a veces sin siquiera una identidad judía.

En el año 1948, las puertas de Polonia se cerraron, como hicieron todos los países del este de Europa, por un período de ocho años. Durante este tiempo, los judíos empezaron a practicar judaísmo encubierto. Era muy peligroso ser judío en Polonia, y no era muy conveniente decir: “soy judío”. Era más seguro mantenerse escondido. Aún después de 1956, cuando la inmigración era nuevamente una posibilidad, y aún tiempo después, no era bueno el ser judío. En 1968, Polonia decidió abrirse al antisemitismo, como la mayoría de la Europa del este. Muchos judíos interpretaron esto como una mala señal de lo que podría venir, y así una nueva ola de inmigrantes comenzó, la cual prácticamente vació a Polonia de judíos.
Aliá, a Eretz Israel e inmigración para los Estados Unidos, Canadá, Alemania, Dinamarca, Suecia y otros países: se estima que 40 o 50 mil judíos dejaron Polonia durante este período. Aquellos que no lo hicieron – una vez más practicaron un judaísmo escondido, cambiando sus apellidos, nombres y direcciones. Muy pocos judíos se mantuvieron organizados en comunidades y continuaron una vida abiertamente judía, yendo a la sinagoga y la comunidad. La mayoría se mantuvo encubierto. La tragedia puede ser resumida en un enunciado, que habla de varios períodos y peligros: en los años 50 entre 1939 y 1989, no era bueno el ser judio en Polonia.

¿Cuántos judíos podrían vivir una vida en secreto? Unos miles, probablemente más.

Ellos tuvieron hijos y continuaron su vida, mientras escondían su identidad judía de todos sus alrededores, incluso de su familia y a veces de ellos mismos.

Una generación entera creció sin conocimiento de sus raíces judías. Algunos sabían que eran judíos, mientras que otros no sabían de su condición como tales, a pesar de ser tercera generación de abuela judía. Hasta hoy en día, es posible revisar viejos expedientes y descubrir con certeza quién es descendiente de un familia judía, debido a que la documentación fue meticulosamente creada para hacer notar quién era y quién no era judío.

Una generación entera, creció sin conocer sus raíces judías, y tan solo descubrió su existencia a los veinte años de edad, aún cuando sus padres continuaban escondiéndolas de ellos. Algunos son hijos o nietos de una madre o abuela judía, algunos tienen un padre o abuelo judíos. Muchas historias se caracterizan por el descubrimiento de gente joven que descubre que tiene raíces judías. Algunas abuelas o abuelos se lo impartieron a sus hijos y nietos en su lecho de muerte, diciéndoles que son judíos, como era el caso de los “Anusim” en España.

Algunas veces un sidur o un par de tefilín encontrado en el ático de la casa, revelaría lo olvidado. Algunas veces un apellido de familia inusual, o parientes que saben hablar yidish era una señal e indicación de sus raíces.

Una apertura para el retorno

De cualquier forma, hay “nuevos anusim”, en Polonia, Anusim que fueron cortados de la vida judía y vivieron como judíos a escondidas con miedo y dolor.

¿Cuál es nuestra obligación para con estos nuevos “anusim”? ¿Debemos, quizás, “enterrar” sus sentimientos, y su deseo de regresar a la tierra de Israel junto con nuestro hermanos que fueron enterrados en suelo polaco? Estos anusim de 50 años, tan distintos de los anusim de hace 500 años en España, ¿deberemos esperar otros 450 años para encontrarlos también?

No hay duda que el estatus halájico de estos jóvenes y familias que desearían retornar al judaísmo son grandes desafíos para los poskim. Después de la guerra, una gran parte de los matrimonios realizados, eran matrimonios mixtos, y los sobrevivientes pensaron: “no hay más judíos en Polonia”. Otros se asimilaron después de la guerra para sobrevivir, por miedo a los polacos. Sin embargo, muchos de ellos desean estudiar judaísmo, venir a la sinagoga, y ayudar a Israel. Y así, sentirse orgullosos de su identidad judía y pertenecer a la nación de Israel una vez más.

Durante mi visita en Polonia, conocí uno de los supervisores de Kashrut en la comunidad, un hombre de apariencia judía jaredí. Conocí a su esposa, también jarediá, los dos habían participado en una manifestación anti-semita, “skinhead”, neo-nazi, y después con el tiempo descubrieron que eran judíos, hijos de familias que habían escondido sus identidades. Recientemente, festejaron el brit milá de su hijo – en tierra polaca – pero como judíos observantes, y expresando su identidad judía en forma abierta.

Otra historia, que suena casi como ficción, es la historia de Przemyslaw Piekarksi. Un señor de 40 años, judío polaco con creencias liberales y democráticas. Piekarski peleaba con su madre por sus creencias anti-semitas. Habiendo vivido como niño con una abuela que hablaba alemán, padres políticamente conservadores y con un abierto anti-semitismo. Al realizar sus estudios universitarios, Piekarski tomó una posición liberal , que muchas veces le trajo confrontaciones con su madre , quién utilizaba cualquier oportunidad para expresar su repulsión contra los judíos y el judaísmo. Durante una discusión, le preguntó a su madre sobre su actitud hacia el judaísmo, y se colocó una kipá en su cabeza y le dijo a su madre, “madre, supón que fuera judío, ¿aún así me tratarías de esta forma? ” la respuesta de su madre le reveló algo que el nunca hubiera imaginado: “no tienes que tratar demasiado”, le dijo, “tu ya eres judío”, tu abuela, que siempre pensaste que era alemana, es en realidad judía. Hoy en día Piekarski viene a la sinagoga cada viernes por la noche, y trabaja actualmente en un diccionario Yidish-Polaco, que pronto se publicará. El descubrió que aquello que era el alemán hablado por su abuela, era en realidad Yidish.

Nuevo retoñar

Cuando le pregunté al Gran Rabino de Polonia, el Rab Michael Shudrich, si el había pensado que existía alguna posibilidad de que la vida judía en Polonia renaciera, el me respondió: ¡la vida judía ya está renaciendo!

No hace falta mirar tan lejos, o buscar mucho para encontrar pruebas de la renovación del judaísmo en el país. En Varsovia, un minián es formado tres veces al día. En Lodz, las plegarias de la mañana se hacen cada día en la sinagoga. En Cracovia se hacen cada shabat. Clases de torá en diferentes ciudades, están siendo más y más demandadas, y un shiur de daf iomí, se lleva a cabo cada día en la sinagoga de Varsovia.

Nuevos rabinos han empezado a regresar y llenar sus sillas como líderes comunitarios en cada ciudad. El Rabino Itzjak Rapoport, es el rabino de Breslau y sus alrededores, y el Rabino Boaz Pash es el rabino de la comunidad de Cracovia (estos rabinos son también enviados de “Shavei Israel” en Polonia). Un judío polaco, el Rab Matitiau Abalet, se recibió de rabino después de la guerra, en la Yeshiva University de New York, y después de 5 años de estudio regresó y recibió su posición de Rabino y director de la escuela en Varsovia.

Hay doscientos estudiantes al año en la escuela judía hoy en día, desde jardín de infantes hasta noveno grado. Hay también clases para la juventud y los adultos en el centro comunitario de Varsovia, hay más de cien jóvenes hombres y mujeres que vienen a estudiar hebreo cada semana. En Cracovia, los estudiantes y los jóvenes se encuentran en una organización judía llamada “Cholent”

Publicaciones judías son editadas también: recientemente el jumash con Rashi, fue traducido a polaco, una publicación mensual de la comunidad llamada “midrash” se distribuye a todas las comunidades judías en Polonia, cada semana el rabino de Breslau pública un escrito semanal. “shabat beshabató”, en polaco.
Hay también demanda de comida kosher en Polonia, y shejitá kosher, muchos productos y comida kosher pueden ser encontrados en diferentes comunidades.

Pero quizás, la señal más significativa del crecimiento de la vida judía en Polonia, sean, los niños… cada shabat decenas de niños llegan a la sinagoga.

Una muestra de lo más significativo, de la profundidad de la destrucción, fueron las palabras de Joelis Schtruk, el comandante Nazi que peleó en la guerra de Varsovia, en el 16 de mayo de 1943: “no hay más judíos en Varsovia”. Hoy hay judíos en Varsovia, niños judíos en las sinagogas en Polonia…”y también por ello la gloria de Israel no caerá”.

Una apertura para el retorno

De cualquier forma, hay “nuevos anusim”, en Polonia, Anusim que fueron cortados de la vida judía y vivieron como judíos a escondidas con miedo y dolor.

¿Cuál es nuestra obligación para con estos nuevos “anusim”? ¿Debemos, quizás, “enterrar” sus sentimientos, y su deseo de regresar a la tierra de Israel junto con nuestro hermanos que fueron enterrados en suelo polaco? Estos anusim de 50 años, tan distintos de los anusim de hace 500 años en España, ¿deberemos esperar otros 450 años para encontrarlos también?

No hay duda que el estatus halájico de estos jóvenes y familias que desearían retornar al judaísmo son grandes desafíos para los poskim. Después de la guerra, una gran parte de los matrimonios realizados, eran matrimonios mixtos, y los sobrevivientes pensaron: “no hay más judíos en Polonia”. Otros se asimilaron después de la guerra para sobrevivir, por miedo a los polacos. Sin embargo, muchos de ellos desean estudiar judaísmo, venir a la sinagoga, y ayudar a Israel. Y así, sentirse orgullosos de su identidad judía y pertenecer a la nación de Israel una vez más.

Durante mi visita en Polonia, conocí uno de los supervisores de Kashrut en la comunidad, un hombre de apariencia judía jaredí. Conocí a su esposa, también jarediá, los dos habían participado en una manifestación anti-semita, “skinhead”, neo-nazi, y después con el tiempo descubrieron que eran judíos, hijos de familias que habían escondido sus identidades. Recientemente, festejaron el brit milá de su hijo – en tierra polaca – pero como judíos observantes, y expresando su identidad judía en forma abierta.

Otra historia, que suena casi como ficción, es la historia de Przemyslaw Piekarksi. Un señor de 40 años, judío polaco con creencias liberales y democráticas. Piekarski peleaba con su madre por sus creencias anti-semitas. Habiendo vivido como niño con una abuela que hablaba alemán, padres políticamente conservadores y con un abierto anti-semitismo. Al realizar sus estudios universitarios, Piekarski tomó una posición liberal , que muchas veces le trajo confrontaciones con su madre , quién utilizaba cualquier oportunidad para expresar su repulsión contra los judíos y el judaísmo. Durante una discusión, le preguntó a su madre sobre su actitud hacia el judaísmo, y se colocó una kipá en su cabeza y le dijo a su madre, “madre, supón que fuera judío, ¿aún así me tratarías de esta forma? ” la respuesta de su madre le reveló algo que el nunca hubiera imaginado: “no tienes que tratar demasiado”, le dijo, “tu ya eres judío”, tu abuela, que siempre pensaste que era alemana, es en realidad judía. Hoy en día Piekarski viene a la sinagoga cada viernes por la noche, y trabaja actualmente en un diccionario Yidish-Polaco, que pronto se publicará. El descubrió que aquello que era el alemán hablado por su abuela, era en realidad Yidish.

Nuevo retoñar

Cuando le pregunté al Gran Rabino de Polonia, el Rab Michael Shudrich, si el había pensado que existía alguna posibilidad de que la vida judía en Polonia renaciera, el me respondió: ¡la vida judía ya está renaciendo!

No hace falta mirar tan lejos, o buscar mucho para encontrar pruebas de la renovación del judaísmo en el país. En Varsovia, un minián es formado tres veces al día. En Lodz, las plegarias de la mañana se hacen cada día en la sinagoga. En Cracovia se hacen cada shabat. Clases de torá en diferentes ciudades, están siendo más y más demandadas, y un shiur de daf iomí, se lleva a cabo cada día en la sinagoga de Varsovia.

Nuevos rabinos han empezado a regresar y llenar sus sillas como líderes comunitarios en cada ciudad. El Rabino Itzjak Rapoport, es el rabino de Breslau y sus alrededores, y el Rabino Boaz Pash es el rabino de la comunidad de Cracovia (estos rabinos son también enviados de “Shavei Israel” en Polonia). Un judío polaco, el Rab Matitiau Abalet, se recibió de rabino después de la guerra, en la Yeshiva University de New York, y después de 5 años de estudio regresó y recibió su posición de Rabino y director de la escuela en Varsovia.

Hay doscientos estudiantes al año en la escuela judía hoy en día, desde jardín de infantes hasta noveno grado. Hay también clases para la juventud y los adultos en el centro comunitario de Varsovia, hay más de cien jóvenes hombres y mujeres que vienen a estudiar hebreo cada semana. En Cracovia, los estudiantes y los jóvenes se encuentran en una organización judía llamada “Cholent”

Publicaciones judías son editadas también: recientemente el jumash con Rashi, fue traducido a polaco, una publicación mensual de la comunidad llamada “midrash” se distribuye a todas las comunidades judías en Polonia, cada semana el rabino de Breslau pública un escrito semanal. “shabat beshabató”, en polaco.
Hay también demanda de comida kosher en Polonia, y shejitá kosher, muchos productos y comida kosher pueden ser encontrados en diferentes comunidades.

Pero quizás, la señal más significativa del crecimiento de la vida judía en Polonia, sean, los niños… cada shabat decenas de niños llegan a la sinagoga.

Una muestra de lo más significativo, de la profundidad de la destrucción, fueron las palabras de Joelis Schtruk, el comandante Nazi que peleó en la guerra de Varsovia, en el 16 de mayo de 1943: “no hay más judíos en Varsovia”. Hoy hay judíos en Varsovia, niños judíos en las sinagogas en Polonia…”y también por ello la gloria de Israel no caerá”.

Rabino Eliahu Birnbaum

Recife, Brasil

¿En qué lugar del Nuevo Mundo se construyó la primera sinagoga, después del descubrimiento de América? Cuando oímos hablar de Brasil pensamos en el fútbol, el carnaval, las playas y la música, pero olvidamos que fue también la puerta de acceso de judíos al Nuevo Mundo. La primera sinagoga en suelo americano se construyó en la ciudad de Recife, Brasil, en 1636.

Los inicios de la población judía en Recife

Los judíos empezaron a establecerse en Recife a partir de 1500. En esos tiempos la ciudad era la capital del estado de Pernambuco, en la colonia portuguesa de Brasil. Los primeros judíos eran anusim que habían sido enviados allí junto con presos y delincuentes para desarrollar la nueva colonia portuguesa en Recife. Los judíos, que veían en ello una oportunidad económica y una forma de alejarse un poco de la Inquisición, lo aceptaron de buena gana y, ciertamente, en poco tiempo desarrollaron la región y la convirtieron en un centro próspero de cultivo de caña de azúcar. Efectivamente, los judíos lograron desarrollar diversas ramas de la economía en el norte de Brasil, como la exportación de azúcar, el dinero y la Bolsa, y la provisión de esclavos de África, y se convirtieron en una fuerza económica y comercial sumamente importante.

Cuando los judíos descubrieron el nuevo continente y sus características, surgieron diferentes interrogantes sobre la vida judía en el Nuevo Mundo. La primera pregunta halájica enviada desde Recife en el siglo XVI al Rabino Shabtai de Salónica se refería a la frase “Danos rocío y lluvia”, porque la temporada de lluvias en Brasil difiere de la europea, y no sabían cómo comportarse: “¿Debemos rezar por lluvia en los meses de Tishrei y Nisan, tal como lo hacen otros judíos en el mundo, o tal vez debamos adecuar nuestras plegarias a las estaciones del año en Brasil?”

A pesar de que los anusim llegados a Brasil trataron durante años de encontrar un lugar apartado para vivir tranquilos como judíos, sólo lograron cambiar el Viejo Mundo por el Nuevo Mundo, pero no modificaron significativamente su situación y sufrimientos. Si bien la Inquisición no habían entrado formalmente a Brasil, en 1580 empezó el “control” sobre lo que se hacía en Brasil, y se enviaron “supervisores” para que examinaran la situación de quienes renegaban del catolicismo. Quienes eran considerados herejes, entre los que había también judíos y anusim, fueron enviados a juicio en Lisboa, Portugal; cuando se los encontraba culpables, eran castigados allí y no regresaban a sus familias.

El florecimiento judío en Recife

En 1630, Holanda conquistó la colonia portuguesa y desde entonces empezó el renacimiento judío en Recife. Otras familias judías llegaron desde Amsterdam para empezar una vida nueva y muchos anusim decidieron dejar de vivir en dos mundos y volver a adoptar la religión de sus antepasados y el judaísmo. Casi todos los miembros de la comunidad, que llegaba a 4.000 almas, eran judíos de Holanda y anusim de la zona de Recife.

Los judíos empezaron a organizarse y a construir una vida comunitaria similar a la que llevaban en Portugal y Amsterdam. Construyeron la sinagoga Zur Israel, que con el paso del tiempo fue la primera construida en el Nuevo Mundo en general, y en suelo americano en particular; un Talmud Torá y una academia rabínica llamada Etz Haim.

En aquellos años, la comunidad “Zur Israel” decidió convocar a un rabino, y eligieron al Rabino Ytzhak Abuhab de Fonseca, que llegó a Recife en 1642 y que fue el primer rabino del continente americano.

En los últimos años se han realizado excavaciones arqueológicas en la antigua sinagoga de Recife, que fue refaccionada por la comunidad judía y la familia Safra de Brasil (en el sótano se descubrió también una mikve). Hoy en día, es una fuente de inspiración para los numerosos turistas que quieren conocer “la primera sinagoga”, tal como se la apoda. Asimismo, la comunidad judía local reza los sábados allí.

Es interesante señalar el cambio de nombre de la calle en la que se encuentra la sinagoga. Cuando fue construida, en tiempos de prosperidad judía, ésa era “la calle de los judíos”, pero cuando los portugueses conquistaron la ciudad y la Iglesia regresó a ella, el nombre cambió por el de “la calle del Buen Jesús”, la cual conserva este nombre hasta el presente. Debe ser la única sinagoga del mundo que se encuentra en una calle que lleva el nombre de Jesús…

En 1654, los portugueses reconquistaron la ciudad ocupada por los holandeses, y la libertad de culto a la que los judíos se habían acostumbrado durante los 24 años de dominio holandés desapareció de inmediato. Hay quienes sostienen que el crecimiento de la comunidad judía y la vida judía en Recife en aquellos años hicieron que la Iglesia Católica pidiera al gobierno portugués que “reconquistara la ciudad de Recife para evitar la humillación del funcionamiento de una sinagoga a la vista de la Iglesia”.

Cuando se inició el asedio portugués a Recife, los judíos lucharon codo a codo con los holandeses; cuando la ciudad cayó en manos de Portugal, decidieron abandonarla y volver con los holandeses a Amsterdam.

La dispersión judía desde Recife al Nuevo Mundo

Después de la conquista, se dio a los judíos un plazo de tres meses para abandonar la ciudad. Los judíos que así lo hicieron se dividieron en cuatro rumbos, cada uno de los cuales fue el inicio de una nueva historia judía. Muchos volvieron a Holanda con el Rabino Abuhab; otros se dirigieron a las islas del Caribe (Curaçao, Barbados, Jamaica) en donde crearon nuevas comunidades. Los inmigrantes de Recife construyeron en Curaçao una sinagoga sefardí-portuguesa que era una réplica exacta de la de Amsterdam. Otros se alejaron más, hasta Nueva Amsterdam en América del Norte, que más adelante habría de ser Nueva York, en donde sentaron las bases de la primera comunidad judía.

De Recife a Nueva a Amsterdam (Nueva York)

El primer judío que llegó a “América” con la expedición de Colón fue el traductor Luis de Torres, que se quedó a vivir allí. Pero la primera vez que llegó un grupo de judíos fue en 1654, cuando judíos de Recife llegaron a Nueva Amsterdam, posteriormente Nueva York.

Los 23 judíos llegados de Recife fueron los primeros en llegar a los Estados Unidos de América, que en aquellos tiempos era una colonia holandesa. Con el tiempo fueron llegando a Nueva Amsterdam más judíos, anusim de España, y la comunidad creció y construyó la primera sinagoga en Nueva York, Sheerit Israel.

Hubo otros judíos que no salieron de Brasil, sino que se alejaron de Recife y de su sinagoga, y siguieron viviendo en las aldeas, montañas y zonas apartadas para preservar su judaísmo en secreto.

Las costumbres judías en las aldeas de Brasil

El nordeste de Brasil es conocido como una zona llena de descendientes de anusim. La mayor parte crecieron y viven hasta hoy en día en aldeas pequeñas y alejadas, desconectadas del mundo y a veces de la civilización. Hasta el presente, quien visite estos lugares, podrá encontrar familias y aldeas enteras que cumplen costumbres netamente judías, hecho que indica sin lugar a dudas que son descendientes de judíos. Algunas de estas costumbre son “extrañas”, porque fueron conservadas por los lugareños al tiempo que practicaban el culto cristiano. Algunas familias conservaron ciertas costumbres sin saber que se trata de costumbres o preceptos judíos.

La costumbre más significativa es la de los matrimonios endogámicos, en especial entre primos y primas. Un refrán conocido por los habitantes de la región señala: “El hijo de padres que son primos será hermoso; el hijo de padres que no son primos será feo”.

Este fenómeno no es solamente una circunstancia histórica, sino una costumbre que se mantiene hasta el presente en esa parte de Brasil. Tony Rabelho Ferreira, un joven abogado de 34 años, está casado con su prima, y sus padres son primos en primer grado. Él sabía que la única posibilidad de casarse y formar una familia era encontrar un buen “acuerdo” dentro de la familia.

También se conservaron las costumbres de encender velas el sábado, barrer la casa de afuera hacia adentro (para no hacer pasar la basura por una puerta con mezuzá) y no comer carne de cerdo; en algunos lugares solían comer ciertas hortalizas en lugar de pan en los días de Pascua.

Las costumbres preservadas en esa región se mezclan con otras cristianas, y reflejan la situación de confusión y “cooperación” entre las religiones, tanto en las creencias como en la forma de vida de los descendientes de anusim. Más de una vez, las familias de descendientes de anusim conservaron costumbres judías sin saber que lo eran, sólo por la voluntad de conservar las tradiciones familiares.

Los descendientes de anusim que viven actualmente en esa zona de Brasil se encuentran en un terrible dilema: no se sienten católicos ni judíos, no pertenecen a la Iglesia pero tampoco forman parte de las comunidades judías; no están aquí ni allí, o un poco acá y otro poco allá… La pregunta más frecuente entre los investigadores es sobre el número de descendientes de anusim en esa parte de Brasil. Según las estimaciones más cautelosas, se trata de millones de personas. Pero a diferencia de España y Portugal, en donde se conservan algunos documentos en los archivos de las iglesias, en Brasil no hay registros, porque hasta el papel era un artículo de lujo en aquella época, y no quedaron registros escritos que brinden testimonio del origen de las familias.

Una visita a Bendito

Una de las vivencias más apasionantes de mi viaje a Recife fue la visita a Bendito Arauxo. Después de un viaje de varias horas por senderos tortuosos entre montañas y colinas, rodeados de vegetación tropical, llegamos a la aldea de Baraxo, a una casa con signos de presencia judía en el siglo XVII en esta región del norte de Brasil. Bendito, un hombre alto, de piel clara y ojos azules, llama la atención en esa zona del mundo en la cual toda la población tiene piel oscura. Pero su historia familiar como descendiente de judíos que llegaron de Portugal vía Holanda, puede explicar el fenómeno.

Bendito decidió vivir una vida “natural” lejos de los lugares poblados y de la civilización. En su casa todavía hay un horno de carbón, y alrededor de ella sembró verduras y árboles frutales para abastecer las necesidades de la familia.

Bendito se siente judío y aprendió solo, sin maestros, a leer hebreo. Empieza el día estudiando la porción semanal de la Torá. Cuando su familia come carne, la salan antes para no ingerir la sangre. La tradición familiar señala que llegaron de Portugal hace varias generaciones. A pesar de que su padre era católico, mantuvieron las costumbres de la familia: no comían animales impuros ni insectos, sólo contraían matrimonios endogámicos y vertían el agua visible en una casa en la que había un muerto. Después del fallecimiento de su padre, Bendito decidió buscar sus raíces judías. Hoy en día cuida el sábado en su casa, pronuncia el Kidush sobre el vino que prepara por sí mismo y después de celebrar la Havdalá a la salida del sábado, canta Hatikva con gran orgullo con sus dos hijas gemelas.

Cuando le pregunté qué espera, me respondió: “Que se contruya el Tercer Templo antes de mi muerte; y si no se concluye, al menos que empiecen a hacerlo antes de mi muerte”…

La nueva comunidad judía de Recife en el siglo XX

La ciudad moderna de Recife es conocida como “la Venecia de Brasil” por la gran cantidad de ríos y canales que la atraviesan. Se caracteriza pr un clima caluroso de 45ºC y una humedad que llega a 80ºC. Aparentemente, el calor influye sobre la violencia en la ciudad, en la que se registra un promedio diario de diez personas muertas en peleas y asaltos.
La comuniad de Recife hoy en día no es la continuación directa de la del pasado. Tal como sucedió en muchas otras comunidades del mundo, la ubicación geográfica no cambió, pero la composición sociológica es totalmente diferente. La comunidad actual se basa en judíos llegados a principios del siglo XX, entre 1920 y 1930, de Europa del Este: Rumania, Rusia, Ucrania y Polonia, que crearon una comunidad nueva, la que cuenta con unos 1.500 miembros.

La ola de matrimonios mixtos no ha pasado lejos de los judíos de esta hermosa ciudad, y de hecho los castiga severamente. Quienes conocen bien la comunidad, hablan de una asimilación del 90%; los judíos no recuerdan cuándo se celebró la última boda judía en la ciudad.

Cuando me encontré con los dirigentes de la comunidad local, los vi preocupados por el futuro de la misma. El Rabino Abraham Amitai, un rabino ortodoxo enviado por la asociación Shavei Israel (egresado del Instituto Strauss-Amiel) obra maravillas para fortalecer los lazos de jóvenes y adultos con el judaísmo y la identidad judía. Cuando el Rabino Amitai llegó a Brasil, los integrantes de la comunidad se asombraron al descubrir en el aeropuerto a un rabino ortodoxo, pues esperaban a un rabino reformista y liberal que condujera a la comunidad según sus necesidades y su situación espiritual. Los dirigentes le dijeron que haría bien en dejar la comunidad y emprender el regreso. Hoy en día, a dos años de su llegada, la comunidad no está dispuesta a permitirle, ni a él ni a su familia, que la abandone.

La escuela comunitaria fue creada hace unos 90 años, en 1918. Los inmigrantes judíos llegados de Europa vieron la necesidad de crear una escuela judía para preservar a sus hijos e hijas de la asimilación. En el presente estudian en ella 130 alumnos (70 judíos y los demás cristianos). Debido al número escaso, la comunidad debe aceptar niños no judíos para completar las clases y el presupuesto necesario para mantener la escuela. Los dirigentes comunitarios insisten en hacerlo aun al precio de incorporar alumnos no judíos (incluidos católicos), que estudian hebreo y tradición judía, y empiezan el día diciendo las plegarias Modé Aní y Shma Israel con sus compañeros judíos…

El comedor de la escuela fue taref durante 87 años, incluido jametz en Pesaj y carne de cerdo, pero en los tres últimos años el rabino de la comunidad logró, con grandes esfuerzos y con la ayuda del cielo, convetirlo en kasher, y la comunidad se complace y enorgullece de ello.

Rabino Eliahu Birnbaum

Marruecos

El Janucá pasado emprendí un viaje de ocho días por las comunidades judías de Marruecos (Marrakesh, Fez, Makhnes, Rabbat, Casablanca, Tetuan y Tanger). Si bien a lo largo de los días la luz de las velas se fue incrementando, mi sensación fue que cada una de las comunidades visitadas estaba decreciendo.
La comunidad marroquí fue una de las más esplendorosas en la historia judía y la más numerosa del mundo islámico. En Marruecos existieron cientos de comunidades que mantuvieron una vida judía vibrante. Sin embargo, en la actualidad somos testigos de los últimos latidos vitales de esta judería a pesar de los ingentes esfuerzos que se invierten en preservar su glorioso pasado.
La comunidad judía marroquí no era homogénea y estaba compuesta de tres grupos distintos, provenientes de tres orígenes diferentes y cada uno de los cuales era poseedor de una cultura propia. El primero de estos estaba formado por judíos provenientes de la tierra de Israel que arribaron a Marruecos junto a las huestes romanas y los comerciantes fenicios en el siglo III de la era común y son denominados “los residentes”.  Los judíos que llegaron provenientes de España y Portugal a finales del siglo XV y los cripto judíos que arribaron durante el siglo XVI procurando el retorno al judaísmo fueron denominados “los expulsados”; y un tercer grupo está compuesto por aquellos judíos que vivieron entre los bereberes en los Montes Atlas.
Los judíos marroquíes estaban diseminados por todo el país. La mayoría residían en las ciudades de las costas mediterránea y atlántica, así como también en ciudades del interior del país. Asimismo, vivían también en decenas de pueblos y aldeas diseminados por los confines de los Montes Atlas y entre las poblaciones del desierto del Sahara.
En los buenos años cincuenta del siglo XX residían en Marruecos unos trescientos mil judíos. En la actualidad viven en este país unos 1.500 en la ciudad de Casablanca y otras decenas dispersos por varias localidades. Los judíos que quedan son los guardianes y los depositarios de dos milenios de herencia judeo-marroquí. En virtud de su larga historia en el país, puede decirse que los judíos de Marruecos son marroquíes tal como los judíos de Italia son italianos. No se trata de personas de fe judaica que residen en Marruecos sino de lugareños que están profundamente vinculados al país y a su cultura.
La historia de los judíos en Marruecos es comparable al movimiento de un péndulo. En 1438 se estableció en la ciudad de Fez el primer ghetto judío, el cual recibió el nombre de Mellah y paulatinamente los judíos de las demás ciudades fueron forzados a vivir en estos barrios. Se establecieron ghettos en Rabbat, Makhnes, Marrakesh, Mogador y otras localidades. Previo a mi visita a Marruecos, suponía que allí los judíos habían vivido en permanente armonía bajo gobierno musulmán pero la verdad es que pasaron por épocas de dura persecución y sufrimiento.
Una vez que en 1912 Marruecos se transformara en un protectorado francés la situación de los judíos mejoró notablemente en el ámbito de la seguridad personal, así como también en las áreas económica y social. A raíz del estallido de la guerra de independencia de Israel se desataron disturbios contra la población judía marroquí por lo que muchos huyeron precipitadamente al novel estado judío, otros emigraron a Francia, a Canadá y a Venezuela. Con el correr de los años emigraron a Israel unos 250.000 judíos marroquíes.
También hoy los judíos en general y jóvenes de esta comunidad en particular procuran nuevos horizontes en el extranjero y emigran a otras comunidades en distintos países. Mi primera visita a Marruecos fue hace unos treinta años, y paso a compartir con ustedes una anécdota. Había viajado a Gibraltar para pasar el Shabat en esa comunidad judía junto con mi querida esposa.  Mi anfitrión judío me contó que conoce a un musulmán de la ciudad que le comentó que al llevarse a cabo labores de refacción en uno de los palacios de la ciudad de Tetuán, detrás de uno de los muros se encontró una biblioteca de libros sagrados judíos.  Uno de los comerciantes de la ciudad compró la colección y desde entonces la tiene en su depósito sin perspectivas de poderla vender. Al escuchar esta historia que me resultaba limítrofe entre realidad y ficción decidí dirigirme a Tetuán para encontrar la biblioteca en cuestión.
Volví a Israel con mi esposa y a los pocos días volé a algún país europeo para desde allí conseguir un visado de entrada a Marruecos. Volví a Gibraltar para encontrar a Muhamad y juntos viajar a Marruecos y llegar así a mi ansiado objetivo. Grande fue mi decepción cuando llegué hasta la colección y me percaté que se trataba de libros religiosos simples y que solamente tres ejemplares poseían valor histórico o económico. Tras la amarga decepción decidí consolarme pasando el Shabat en la comunidad judía de Tetuán.
En esos tiempos, había todavía varios cientos de judíos en la ciudad y sinagogas muy activas. Los rezos fueron multitudinarios y el Shabat en general fue muy alegre e inspirador. Los judíos de Tetuán me recibieron muy amablemente, pero aun así sentí que guardaban cierta distancia de mi persona y que se cuidaban de no tener demasiado contacto conmigo. Uno de los judíos se me acercó y me preguntó si yo era “el agente del Mossad israelí”. Respondí que no, y de inmediato comenzaron a acercarse distintas personas para invitarme a comer en sus casas.
En la actualidad en toda Tetuán viven solamente dos judíos y quedan únicamente dos sinagogas que se transformaron en museos. En el pasado, a Tetuán se la denominaba la “Jerusalén de Marruecos” o la “Pequeña Jerusalén”, empero en la actualidad no queda rastro de ello.
En el primer día de mi viaje visité la ciudad de Marrakesh. Para mí, la perla de esta ciudad no era la famosa “Plaza de los Perdidos” que late febrilmente las 24 horas del día y exhibe el pintoresco colorido de la ciudad sino justamente la sinagoga “Tzlata Lazama” (la sinagoga de los expulsados) que fuera construida en 1492 por judíos escapados de España y en mi opinión es un símbolo de la judería marroquí.
Los judíos expulsados de España llegaron masivamente a Marruecos y al imperio otomano dispersándose también en otros países con el objeto de rehacer su vida judía. Estos migrantes trajeron consigo un alto nivel cultural y de estudio que influyó profundamente en la vida judía de la comunidad marroquí.
Trágicamente, durante varias generaciones los judíos provenientes de España no siempre fueron bien recibidos por sus hermanos que residían en Marruecos so pretexto de que su estilo de rezo era diferente.
El Rabino Isaac Deloya, que era proveniente de España, erigió la sinagoga de “Lazama” y de esa forma se generó por muchas generaciones una división entre los judíos más antiguos en el país o residentes y los provenientes de España. Entre los residentes y los expulsados existían numerosas diferencias tanto de tipo social como así también en las reglas de vida conyugal, las leyes de alimentos prohibidos y la usanza del rezo. Por esa razón, en todos los sitios a los que arribaron expulsados de España se conformaron comunidades separadas. Estas diferencias se fueron canonizando con el correr de los años al punto de que tanto en Israel como en diferentes partes del mundo es dable encontrarse con una diversidad de comunidades marroquíes diferenciadas sobre la base de su origen.
Según la tradición, en la sinagoga Lazama se llevan a cabo servicios religiosos ininterrumpidamente desde su fundación. En el pasado, en la ciudad de Marrakesh llegaron a funcionar 35 sinagogas. A partir de 1557 por orden del Sultán los judíos debieron pasar a vivir al interior del mellah. En la actualidad, en esta ciudad hay solamente dos sinagogas, veinte judíos y un sinnúmero de turistas.
Shabat en Casablanca
El Shabat lo pasé en Casablanca, ciudad en la cual se encuentran dispersas unas treinta sinagogas, símbolo de una comunidad que supo ser tradicional y activa, empero, actualmente están en funcionando sólo cuatro. La sinagoga “Beit El” fue erigida en 1985 y es una de las más bonitas de todo el país. Recé en una pequeña sinagoga poseedora de una encantadora atmósfera familiar llamada “Maguén David”. El presidente de la sinagoga me pidió que dijera unas palabras antes de “Baruj SheAmar”. Le pregunté por qué antes de Baruj SheAmar y me respondió que después de esta plegaria está prohibido interrumpir con palabras. Hablé en hebreo y todos los miembros de la comunidad entendieron mi mensaje. Los judíos marroquíes conocen muy bien la lengua hebrea o porque vivieron en Israel un tiempo y luego retornaron a Marruecos o por haber estudiado en el colegio hebreo. Existen dos colegios judíos en la ciudad, el colegio “Rashí” que cuenta con unos ochenta alumnos judíos y el colegio Rambám que cuenta con trescientos treinta alumnos de los cuales trescientos son musulmanes y treinta son judíos.
Creo que la palabra que mejor define mi visita en Marruecos es “combinaciones”, de antiguo con moderno, de cultura judía y musulmana, de cementerios y tumbas de grandes justos por un lado y una comunidad que se aferra a la vida por el otro, entre mercados vibrantes y el “mellah” judío, combinaciones fabulosas entre diferentes sabores y colores intensos, entre recuerdos del pasado y una realidad presente y futura, combinación entre grandes ciudades y pequeñas aldeas, entre paisajes maravillosos que van desde los Montes Atlas hasta el Desierto del Sahara.
En efecto, el número de judíos en Marruecos decrece, empero su legado cultural se mantiene. La herencia en las áreas de la Torá, la literatura, el pensamiento, la exégesis y la kabalá perdura en las páginas de innumerables libros, así como también en las prácticas de los judíos de ese país. Creo que podemos decir con certeza que “más de lo que los judíos marroquíes cuidaron su propia tradición, ésta es la que cuidó a los judíos”.
Por Rabino Eliahu Birnbaum

El despertar de la India

En días en los cuales el antisemitismo va en aumento, ante nuestros ojos cobra forma un proceso completamente inverso. Más y más personas creen en el judaísmo, apoyan al pueblo de Israel y piden sumarse a sus filas. Este tipo de fenómenos que en el pasado eran de una mínima envergadura incluyen hoy a cientos de miles de personas y más también. Este movimiento no se origina en sentimientos de tipo nacionalista sino en la fe religiosa. La intención última de los individuos y los grupos que participan de esta tendencia no es la incorporación de facto al pueblo judío o la inmigración al Estado de Israel sino unirse al Dios de Israel y a los valores de la Biblia hebrea. Fenómenos tales como judíos relegados que procuran retornar al tronco central del pueblo de Israel, descendientes de judíos que procuran reencauzar su pertenencia o personas que buscan un camino al judaísmo y que adoptan prácticas judías sin aun serlo no son una utopía sino parte de una realidad latente y dinámica.

Es interesante notar que este fenómeno está cobrando fuerza especialmente en países en ellos cuales no viven judíos y sin recibir ni el asesoramiento ni el aliento de comunidades judías o del Estado de Israel. Creo que hasta el presente ni el pueblo judío ni el Estado de Israel conocen suficientemente este despertar ni saben cómo relacionarse con él. Hasta hace unas décadas el pueblo judío se encontraba sumido en un gran sufrimiento, encerrado en los guetos de Europa y en las juderías de los países árabes y no estaba abierto ni mental ni prácticamente hacia los demás, hacia quienes querían entender la Torá y convertirse al judaísmo.

Considero que en virtud de los notorios cambios históricos será necesario dedicarle pensamiento a esta cuestión. Últimamente, el ministerio israelí de las diásporas conformó una comisión pública a los efectos de evaluar y pensar el relacionamiento del Estado de Israel hacia diferentes públicos en el mundo entero que poseen algún tipo de conexión con el pueblo judío para de esa forma elaborar una estrategia y fijar una política en esta cuestión.

En mi visita a la India el mes pasado me encontré con distintos grupos humanos que reflejan esta nueva realidad en el mundo todo y en especial en ese país (sobre parte de estos escribí extensamente en mis anteriores artículos en las secciones de “Judío Mundial” y “Rabino Mundial”). Mi primer encuentro fue con los patanes, musulmanes poseedores de raíces judías. El  segundo fue con la tribu de “Bnei Efraim” quienes sostienen ser descendientes de las tribus perdidas que fueron exiladas de la tierra de Israel por parte de los asirios. Asimismo, me encontré con comunidades de “judaizantes”, gente con pasado cristiano que descubrieron la verdad en el judaísmo y que desde hace ya unos años procuran ir por el camino de la Torá. Me encontré también con numerosas comunidades noáhidas que procuran estudiar la Biblia hebrea y judaísmo, así como también conducirse de acuerdo con los principios de los siete preceptos que Noé recibió. A pesar de las diferencias existentes entre los diferentes grupos y a pesar de que no todos están interesados en convertirse al judaísmo no cabe duda de que existe una gran búsqueda espiritual en el territorio indio. El movimiento espiritual que caracteriza a diferentes religiones que carecen de preceptos prácticos, sino que se centran en creencias e ideas, introspección y reflexión. El mundo cristiano también se encuentra en un constante movimiento espiritual, especialmente en su ala evangélica, tanto en América del norte, Centro y Sudamérica desde México hasta Brasil, África y Asia. Es de destacar que este fenómeno no se centra exclusivamente en el judaísmo, en Europa, África Centroamérica y Asia cientos de miles de personas decidieron convertirse al islam. Uno de los temas que despierta temores en occidente es el deseo de jóvenes, hombres y mujeres europeos de convertirse al islam no por motivos políticos sino espirituales. En la actualidad, numerosos afroamericanos en los Estados Unidos deciden convertirse al islam en virtud de su deseo de retornar a sus raíces anteriores a cuando sus antepasados fueran vendidos como esclavos.

Patanes

Los patanes o “pashtu” son millones de musulmanes que viven hasta hoy en el área indoafgana. Según su propia tradición su origen se remonta a los hijos de Israel que fueron exiliados en dirección a Asiria y de allí a Persia y posteriormente a Afganistán. Muchos de ellos dicen: “Somos descendientes de Banu Israail”. Según diferentes investigaciones los patanes eran parte del pueblo judío hasta que entre los siglos VII y X adoptaron el islam. Unos 1400 años posterior a su conversión al islam muchos de los patanes aun saben decir que descienden del pueblo de Israel no a modo de mito o leyenda sino como verdad histórica. Tal como me dijo el investigador del fenómeno “pashtu”, el Prof. Nabras Afridi, él mismo patán: “debe usted saber que un patán que no dice ser descendiente del pueblo de Israel no es un patán verdadero”.

Se trata de tribus musulmanas que se asentaron en el noreste de Pakistán y noroeste de Afganistán. Algunas de las tribus patanas fueron exiladas y llegaron al sur de la india provenientes de Afganistán durante el siglo XIII y allí continuaron su existencia como tribus separadas y diferenciadas con singulares costumbres.

A pesar de que los patanes son musulmanes, creen en el Corán y cumplen con los preceptos del islam (con la Sha´aría, las leyes musulmanas) mantienen diferentes costumbres que los diferencian de los demás musulmanes y les confiere una interesante conexión con los preceptos y las tradiciones judías. Una de las pruebas fehacientes del origen judío de los patanes son los libros genealógicos que se encuentran en la región de Jaipur en manos del Bara Zari, el escriba de la tribu que detenta estos libros. Estos documentan los nacimientos de la tribu patán a lo largo de los últimos quinientos años y vinculan a las familias a los padres de la nación israelita y al Rey Saúl.

Durante los días que duró mi visita llevamos a cabo el primer congreso de su tipo en la historia con la participación de judíos israelíes y musulmanes patanes en la ciudad de Jaipur centrado en el tema de “Las raíces judías de los patanes”. Los líderes patanes vinieron a escuchar y a analizar respecto de sus posibles raíces judías procurando profundizar en el tema. El congreso fue organizado por “Or Torá – judíos relegados” bajo la dirección de Eyal Bari quien escribió su tesis doctoral en la universidad de Ariel sobre los libros genealógicos de los patanes y sus líderes.

Durante el congreso, los patanes se dirigieron a nosotros y nos dijeron: “Los judíos son nuestros hermanos, somos hijos del mismo padre, somos descendientes de Abraham e Itzjak al igual que ustedes… estamos con ustedes porque somos patanes y si un patán dice que estamos con ustedes es de verdad… no como Caín y Abel sino como hermanos de verdad que se quieren el uno al otro…”.

Bnei Efraim

Los “Bnei Efraim” o judíos de Talugu viven en el sur de la India en el Estado de Uttar Pradesh y según su tradición oral se denominan “Bnei Efraim”. Se trata de un par de cientos de familias que llevan una vida judía, poseen sinagoga, rezan, cuidan Shabat, poseen faena especial según la usanza kasher y creen en un Dios Único. Proceden de la casta de los Mediga y según su tradición este nombre significa “narradores” o “maestros”. Según ellos su historia tiene inicio con el exilio de las tribus de Israel en el año 722 A.E.C. cuando llegaron a Asiria, Persia y Afganistán y desde allí a la India a través de las provincias de Jamo y Cachemira hasta Uttra Pradesh.

Los Bnei Efraim sostienen que su observancia del judaísmo se remonta a la antigüedad. En el inicio del siglo XIX abrazaron la fe cristiana a instancias de misioneros de la Iglesia Bautista. Sin embargo, previo al arribo de los misioneros ellos detentaban costumbres judías. A partir de 1981 algunos de ellos retornaron a su fe ancestral y a una vida judía. El primero de quienes retornaron al judaísmo a principios de los años ochenta del siglo XX fue Samuel Yaakobi quien hasta entonces fungía como pastor bautista. En mi visita tuve la oportunidad de conocerlo.

La visita donde los Bnei Efraim comenzó con un rezo de Minjá en su sinagoga y concluyó entonando el “Hatikva”. Uno de los líderes comunitarios leyó delante de mí estas emotivas líneas:

“Es para mí un honor estar hoy antes ustedes, en un día tan significativo, y hablar unas palabras sobre la comunidad de Bnei Efraim, su esencia, sus sueños, sus metas y especialmente su visión. ´Y será que cuando padezcas y todas estas advertencias te alcancen en el final de los días habrás de retornar hasta Dios tu Señor y escucharás Su voz’. El retorno al Santo Bendito Es, ese es nuestro anhelo.

Deseamos que se entienda con claridad que somos parte del pueblo judío y cuáles son las obligaciones que tenemos los unos hacia los otros y hacia Dios. Principalmente, queremos entender el rol de los Bnei Efraim como parte del colectivo judío, deseamos internalizar la luz de la Torá viviente, primeramente, aquí en el exilio, sin conformarnos con la expresión de deseo de que una vez que lleguemos a la tierra de Israel habremos de cumplir los preceptos.

Judaizantes

Otros grupos con el que me encontré en mi viaje fue el conformado por las comunidades de “Bnei Tzión”, “Kehilat Ovadiá” y “Bnei Iosef” las cuales fueron cristianas hasta hace pocos años y decidieron abandonar esa fe y abrazar el judaísmo. Los miembros de esas comunidades viajaron trece horas en ómnibus de ida y de vuelta para poder encontrarse conmigo durante una hora y narrarme su historia.

El fundador de estas comunidades fue un sacerdote cristiano llamado Samuel. El bisabuelo de Samuel era un judío proveniente de Bagdad que llegó a la India a los efectos de trabajar para el gobierno británico y allí se casó con una mujer nativa no judía. Tal como es sabido, a finales del siglo XVIII y durante el siglo XIX numerosos judíos iraquíes emigraron a la India. En 1972, el padre de Samuel fundó una iglesia llamada “Iglesia de Sión” en la que oraban por el bien del pueblo de Israel y su Estado. Aparentemente, las raíces judías del fundador de la iglesia lo influenciaron y mantuvieron en su interior el nexo a nuestro pueblo. Con el correr del tiempo, Samuel terminó dirigiendo esa iglesia que llegó a contar con tres mil miembros, pero en secreto comenzó a guardar preceptos judíos sin compartirlo con los miembros de su congregación por temor a su posible reacción. Se trata de un fenómeno no tan común, un sacerdote cristiano que vive como judío dentro de su iglesia.

Fue solamente más tarde que Samuel cambió su nombre a Shmuel y comenzó a hablar con sus feligreses respecto de la importancia de la Torá y el Shabat, del Tanaj, las fiestas judías y la creencia en un Dios Único. Tras un prolongado proceso Shmuel anunció a la congregación que la iglesia pasaba a ser sinagoga y que de la fe cristiana se pasaría a la judía. La mitad de los miembros abandonó la congregación y la otra mitad adoptó el judaísmo. Muchos de los lugareños comenzaron a acosar a Shmuel y a los miembros de su comunidad. No le perdonaban al nieto del judío que abandonase el cristianismo para abrazar el judaísmo. Ante la falta de alternativas y a los efectos de poder dar de comer a los miembros de su congregación adquirió tierras y fundó un kibutz para que en él sus seguidores pudieran trabajar y a la vez cuidar el Shabat.

Resulta que junto a las cuatro comunidades judías reconocidas en la India que son la de Bnei Israel, la de los judíos de Cochín, los Bagdadíes y los Bnei Menashé florecen más grupos poseedores de raíces y legado judío.

Es imposible pasar por alto el hecho que el pueblo judío es heterogéneo y poseedor de diferentes círculos sociológicos que son el resultado de una larga historia, así como también de procesos alternos de exilio y redención. Creo que los grupos que mencioné nos enseñan respecto de la complejidad y la policromía de los diferentes círculos de la historia judía, tanto en el presente como en el futuro de nuestro pueblo.

Por Rabino Eliahu Birnbaum

Turquía: Rezando en una mezquita

En un artículo anterior describí a mis lectores el fallido intento de atravesar la frontera desde Antakia en el sur de Turquía en dirección de Alepo en Siria. En esta ocasión continuaré la descripción de mi travesía por las comunidades pequeñas de Turquía. Visité las sinagogas de las localidades de Chulo, Kirekelreli, Chankla, Adirene y pasé un Shabat muy especial en la comunidad de Boursa, desde donde regresé a Estambul y de allí a la tierra de Israel.

La sinagoga en la ciudad de Chulo fue convertida en mezquita. Actualmente no viven judíos en esa localidad y la sinagoga hace de monumento recordatorio a nuestros hermanos que aquí habitaron y abandonaron la ciudad por diferentes razones a lo largo de las últimas décadas. En Chulo solía existir una comunidad judía pequeña cuya sinagoga contaba con servicios religiosos regulares. El edificio de la sinagoga se mantiene tal como era tanto por fuera como por dentro, el arca sagrada permanece en su sitio y el decorado del techo, así como también las columnas se mantienen tal como eran. Solamente se le agregó el minarete desde el cual el “muecín” o “almuédano” llama a los fieles musulmanes a rezar, siendo el único cambio significativo del edificio respecto de su plano original.

Cuando me enteré de la situación en la que se encontraba la sinagoga pedí visitarla. Me entristeció saber cuál fue el destino de nuestro pequeño Santuario y me emocioné al ingresar para rezar “Shajarit”, la oración matutina. ¿Acaso entré a una sinagoga o a una mezquita? ¿Se debe catalogar el edificio en función de lo que fue en el pasado o de lo que es en el presente? ¿Se trata de una sinagoga judía o de una mezquita musulmana? ¿Cómo se define la naturaleza del edificio, según quien lo construyó y rezó en él durante generaciones o según quien lo hace en la actualidad? Carezco de una respuesta a estos dilemas, empero ocuparon mi mente y mi corazón a lo largo de toda la visita.

El miércoles por la mañana llegué a la sinagoga-mezquita, me dirigí al guardia apostado en la entrada y le pedí entrar para rezar en el lugar. Si bien mi aspecto difería del musulmán local promedio que suele visitar el lugar, me recibió muy amablemente y me invitó a ingresar. Tras quitarme los zapatos, tal como se acostumbra hacer en las mezquitas, ingresé a la sala principal y me emocioné profundamente al ver el arca sagrada de la sinagoga en completa soledad junto al sitial desde el cual el imam dirige el rezo. La mezquita estaba vacía, mas la sinagoga estaba repleta de las voces de los judíos que allí rezaban y hoy ya no están. Mi rezo en la sinagoga transformada en mezquita fue uno de los más significativos de mi vida, sentí que recé. Sentí que no oraba solamente por mí y que no me encontraba solo, sino que lo hacía en nombre de todos los judíos que alguna vez poblaron los asientos del edificio que hoy está alfombrado en toda su superficie. Sentí orgullo judío al estar de pie en la mezquita y recitar “Shemá Israel” envuelto en mi talit y con mis tefilín puestos.

Como es sabido, las autoridades halájicas han debatido largamente respecto de la cuestión de rezar en edificios destinados a la idolatría y en mezquitas. La mayoría de las eminencias halájicas de nuestro tiempo niegan el carácter idólatra del islam y de ello se desprende la autorización para ingresar a una mezquita. Maimónides responde muy claramente a la consulta de Ovadiá el prosélito (quien se convirtiera del islam al judaísmo): “los ismaelitas no son idólatras en absoluto y rinden culto al Dios Único como corresponde, adjudicándole una unicidad carente de defecto alguno…” (Responsa de Maimónides, edición Blau 369). Por lo tanto, las mezquitas no se consideran casas de idolatría y por la base de la norma se permite ingresar a las mismas.

El Rabino Ovadiá Iosef permite ingresar a una mezquita e inclusive rezar en el interior de la misma: “en la mezquita de los árabes, en la que no se lleva a cabo idolatría alguna y oran a Dios adjudicándole una unicidad completa, no hay prohibición de rezar. Vi que varias eminencias y grandes piadosos rezaban dentro de la mezquita que se encuentra en la cueva de Majpelá” (tumba de los patriarcas en Jevrón) (Responsa Iabía Omer III, Ioré Deá 15). Asimismo, el Rabino Jaím David HaLeví escribió: “…empero en las mezquitas de los ismaelitas no aplica la prohibición de rezar ya que no son idólatras…” (Asé Lejá Rav I pregunta 59).

Durante mi visita a la ciudad de Kirekelreli me encontré con el último judío que quedó en la ciudad, y si bien es un hombre de negocios parte de su cargo es el de cuidar de la solitaria sinagoga. Se me ocurrió que existe actualmente el status particular de “último judío” de la ciudad o aquél que detenta las llaves de la sinagoga. El “último judío” de Kirekelreli es reconocido por todos los lugareños como “judío” y no esconde ni su origen ni su fe. Por otra parte, me explicó que ello le dificulta encontrar pareja proveniente de una familia musulmana. Los padres de las muchachas que él conoció le dijeron: “pensamos que ustedes no habrán de ser felices juntos si se casan y cada quien conserva su fe religiosa… y por supuesto que nuestra hija no se va a convertir al judaísmo ni habrá de ser judía… por lo que no tienen sentido que se casen…” Resulta interesante que son justamente los musulmanes quienes enfatizan que él no debe casarse con una no judía.

Boursa

Según antiguas fuentes hebreas, los judíos romaniotes habitaron la ciudad bizantina de Boursa en el noroeste de Turquía desde el año 820. Alrededor de la segunda mitad del siglo XVI judíos sefaradíes comenzaron a llegar y asentarse en Boursa. Cabe recordar que judíos españoles fueron invitados por el imperio otomano a asentarse en sus dominios y se abrieron las puertas a su ingreso.

Empero no solamente el Sultán otomano Baizit II invitó a judíos a su reino, sino que también lo hizo el Gran Rabino de Adirene durante los años 50 del siglo XV. El Rabino Isaac Sarfaty, descendiente de Rashí, escribió una misiva a los judíos de Europa invitándolos a asentarse en Turquía: “Escuché de las enormes penurias – peores que la muerte – por las que pasan nuestros hermanos en virtud de las despóticas leyes, de los bautismos forzados y las expulsiones… os cuento que Turquía es un país en el cual nada falta y si queréis aquí todo puede darse vuelta para bien. ¿Acaso no ha de ser mejor para vosotros vivir bajo gobierno musulmán que bajo el de los cristianos? Aquí toda persona vive segura, habita tranquilamente bajo su vid y bajo su higuera. Aquí podréis vestir ropas elegantes. Por el contrario, en tierras cristianas vosotros no osáis siquiera a vestir a vuestros hijos pequeños con los colores azul o rojo… y ahora, en vista de todo esto, ¿por qué habríais de demoraros? ¡Abandonad de inmediato esa tierra maldita!” (Aproximadamente 1454).

Los inmigrantes españoles y portugueses que arribaron a tierras otomanas se agruparon en comunidades que por lo general obedecían al sitio del cual provenían. Cada una de las congregaciones era independiente, poseía sinagoga, rabino, colegio, maestros, instituciones propias religiosas y de caridad, y muchas veces, inclusive un tribunal rabínico.

La sinagoga “Haguerush” fue construida hace unos quinientos años – a inicios del siglo XVI – bajo el gobierno del Sultán Selim II. La sinagoga posee una tebá superior para el oficiante con forma de galería, a la cual se puede acceder por medio de dos escaleras espirales desde ambos lados de la entrada. Esta tebá es fuera de lo común y similar a la que se puede encontrar en la India en la ciudad de Cochín. Al ascender, el oficiante a la tebá queda a la altura del “Ezrat Nashim”, la galería o palco donde rezan las mujeres, estando más cercano a éstas que a los hombres.

El Shabat en Boursa fue magnífico. A pesar de que quedan solamente unos treinta judíos en la comunidad hubo minián tanto el viernes por la noche como el sábado por la mañana. Llamó particularmente mi atención el nombre de la sinagoga, “Haguerush” (“la expulsión”). Los judíos de Boursa todavía recuerdan la expulsión de España. A pesar de que pasaron ya cientos de años desde que arribaron al imperio otomano recuerdan aún la expulsión de la península ibérica. Ven en ella parte de su historia personal y comunitaria. El presidente de la comunidad, el Sr. León Elnekavé, es descendiente de las familias sefaradíes que llegaron desde España a Boursa tras la expulsión y continúa hablando ladino, así como también relatando las historias de su familia. Resulta interesante hasta qué punto las comunidades judías y los judíos perpetúan su memoria histórica y continúan sintiéndose conectados al pasado, de modo tal que la sinagoga “Haguerush” sigue conmemorando un evento histórico que es también memoria personal.

Por Rabino Eliahu Birnbaum

Comunidad emergente de San Salvador

El Shabat en el cual se leyeron las porciones de Tazría y Metzorá lo pasé en una comunidad emergente en la ciudad de San Salvador en Centroamérica. Sus miembros aun no son judíos, pero se están preparando de cara a su conversión. Todavía no se presentaron ante un tribunal de conversión, pero ya poseen identidad judía, fueron circuncidados por un médico y observan toda la gama de preceptos del judaísmo. No se trata de un grupo fuera de lo común, de hecho, en la última década somos testigos de un fenómeno novedoso y sumamente interesante de no solamente personas individuales sino también comunidades y grupos enteros que desean pasar por un proceso de conversión e incorporarse al pueblo judío. Se trata de un fenómeno que está cobrando cada vez más fuerza de personas que buscan judaísmo, que no sostienen descender de judíos sino que quieren abrazar la fe judía tras años de búsqueda espiritual.

Si bien no es la primera vez que visito una comunidad de este tipo, en este viaje se me presentaron diversas preguntas de orden halájico y práctico respecto de mi interacción con una comunidad cuyos miembros no son judíos.

Previo a mi partida miembros de la congregación me pidieron que traiga conmigo artículos religiosos tales como un rollo de la Torá, tefilín y mezuzot. ¿Se puede vender artículos religiosos judaicos a un gentil? Una vez allí, ¿cómo debo manejarme en cuanto a los rezos? ¿Debo responder amén a sus bendiciones o plegarias a pesar de que quienes las recitan no son halájicamente judíos? Se trata de una sinagoga amplia con un arca sagrada al frente y una tarima o bimá en el centro y un rezo a la usanza sefaradí, ¿debo responder cuando ellos recitan “Barjú et HaShem Hamevoraj”? ¿Debo sumarme a ellos cuando entonan la “Kedushá” con melodía sefaradí?

¿Cómo debo proceder en temas referidos a la comida? Ellos prepararon un espléndido menú sabático, ¿se puede comer de todo lo que hornearon y cocinaron? ¿Se trata de comida preparada por no judíos que entra en la categoría de “bishulei akum” prohibida por nuestros sabios o quizás su decreto original no estaba destinado a esta circunstancia? A lo largo del Shabat los miembros de la comunidad pidieron estudiar Torá escrita, Mishná, Halajá, Ética y Filosofía Judía. ¿Se le puede enseñar Torá a un gentil? El Talmud en el Tratado de Jaguigá (13(A)) dice: “no se le enseña Torá a un no judío”.

Sin embargo, creo que la pregunta fundamental gira entorno a cuál es el status de estas personas. Por una parte, no son judíos, pero por la otra, ¿se los puede definir como gentiles? La halajá define o establece distintos tipos de identidad tales como judíos, extranjeros, hijos de Noé, paganos, extranjeros residentes, prosélitos, candidatos a conversión ya circuncisos que aún no se sumergieron en la mikvé y aquellos que ya se sumergieron más aun no se circuncidaron, hijos de padre judío etc. Empero, ¿cuál es el status de quien desea abrazar el judaismo mas aun no se presentó ante un tribunal de conversión? ¿Es dable encontrar o crear un status especial para estas personas? ¿Acaso un gentil en proceso de conversión puede ser considerado como no judío en todos los aspectos? Trataremos de ocuparnos brevemente de varias de estas interrogantes.

Es comúnmente aceptado que está prohibido enseñar Torá a un gentil o que cuide el Shabat, pero cuando se profundiza en el estudio de las fuentes resulta que esto no es tan sencillo, especialmente si nos referimos a una persona en proceso de conversión en el marco del cual está abandonando su cultura gentil para ingresar en el judaísmo. La prohibición de que un no judío cumpla Shabat o estudie Torá tiene su origen en el Talmud (Tratado de Sanhedrín 58(B)): “Dijo Resh Lakish, un gentil que cuida Shabat es merecedor de pena de muerte”. Respecto del estudio de Torá: “Dijo Rabí Emi: no se le transmiten conocimientos de Torá a un gentil, tal como está escrito: ´Dios no se condujo así con todas las naciones y no les hizo conocer Sus leyes´” (Jaguigá 13(A)). Asimismo, en el Tratado de Sanhedrín (59(A)) leemos: “Dijo Rabí Iojanán, un gentil que estudia Torá es merecedor de la pena de muerte, tal como está escrito: ´Moshé nos ordenó cumplir la Torá en heredad´, heredad nuestra y no de ellos”. Maimónides fue muy claro respecto del estudio de Torá o cumplimiento de Shabat por parte de no judíos: “Un gentil que se dedica a la Torá merece pena de muerte, podrá dedicarse únicamente a los siete preceptos de Noé, asimismo, un gentil que observó Shabat aunque lo haya hecho en un día de semana merece pena de muerte, y ni que hablar si inventó una festividad propia. La regla para seguir es la siguiente: no se le permite crear una nueva religión, que cumpla preceptos individualmente y por propia decisión, o se convierte y cumple todos los preceptos o permanece en su status presente sin agregar o quitar mandamientos” (Maimónides Hiljot Melajim 10:9).

De los conceptos de Maimónides resulta claro que el motivo de la prohibición de que un no judío cuide Shabat o estudie Torá es evitar que el gentil en cuestión cree una nueva religión, por lo que puede decirse que una persona que se encuentra en proceso de conversión puede hacer ambas cosas pues su deseo es incorporarse al pueblo judío y no innovar en el ámbito religioso. Maimónides permite a un gentil cumplir todos los preceptos si el móvil es su fe en que la Torá fue entregada en el monte Sinaí. Ese es precisamente el status del gentil que cumple preceptos y se encuentra en proceso de conversión: “un no judío que desea cumplir alguno de los preceptos de la Torá en aras de ser recompensado no se le impide hacerlo como del modo adecuado…” (Hiljot Melajim 10:10). De esto aprendemos que Maimónides ve con buenos ojos que un gentil cumpla preceptos por fe en la Torá e incluso es recompensado por ello, aunque mantenga su condición de gentil y cumpla los siete preceptos de Noé, por lo que con más razón habrá de verlo con buenos ojos en el caso de quien se encuentra en proceso de conversión.

Desde una perspectiva más amplia digamos que Maimónides tiene una actitud positiva hacia gentiles que estudian Torá. En su Responsa (149) explica que “está permitido enseñar preceptos a cristianos y atraerlos a nuestra fe y ello no es posible con los musulmanes por cuanto que estos últimos no creen en la fidelidad de nuestros escritos sagrados mientras que los primeros creen que estos se mantienen incambiados por lo que es posible atraerlos al buen camino”. De estos conceptos se desprende que Maimónides ve en la enseñanza de Torá a gentiles una suerte de ideal. En el Talmud encontramos que el anciano Hilel enseñó Torá a un gentil que procuraba convertirse hasta que llegó al versículo que dice ” todo extraño que se acerque habrá de morir” (Tratado de Shabat 31(A)).  De este relato, el Maharshá (Rabino Shmuel Eliezer Halevi Aidels) aprende que “Hilel enseñó Torá al gentil antes de que este este se convirtiera  lo cual nos indica que se le puede enseñar Torá a quien está en proceso de conversión, y no se debe objetar cómo se le enseñó Torá cuando aún era gentil si el Talmud nos dice en el capítulo de las cuatro penas capitales que un gentil que estudia Torá merece pena de muerte, ya que corresponde afirmar que si viene a convertirse esto estará permitido” (Maharsha a Tratado de Shabat 31(A)).

En nuestra generación el Tzitz Eliezer indica: “en cuanto a enseñar temas bíblicos, algunos preceptos prácticos y el uso del sidur es posible flexibilizar la norma en el caso de un gentil que desea convertirse y además todos estos estudios habrán de reforzarlo en el cumplimiento una vez que ya se haya convertido” (16:55).

Respecto del uso del rollo de la Torá y otros artículos religiosos por parte de gentiles podemos decir que el temor de venderle una Torá a no judíos obedece a dos razones: miedo a que se le dé un uso irrespetuoso o a que pase a formar parte de una colección museológica y no sea leído lo cual también representaría una afrenta para el rollo. Empero en el caso del público en cuestión, ellos honran de sobremanera el rollo de la Torá y lo leen los días de Shabat, lunes y jueves. Me emocionó hasta lagrimear el ver cómo durante el servicio de Shajarit de Shabat retiraron del arca sagrada el rollo de la Torá con amor y temor reverencial mientras recitaban el pasaje del Zohar “Brij Shmei” y posteriormente los jóvenes de la comunidad que estaban aprendiendo a leer en hebreo llevaron a cabio la lectura de la porción con una entonación sefaradí. En efecto, en la responsa del Yaavetz (II 121) vemos que cada caso debe ser analizado separadamente y en aquellas circunstancias en las que no se teme que el artículo religioso pueda ser deshonrado no se prohíbe su venta a un no judío. Un ejemplo de esto es el caso de Rabí que mandó una mezuzá al rey gentil Artebón (Talmud Jerosolimitano Tratado de Peá 1:1). En la Mishná Berurá leemos que el dictamen del Shulján Aruj por efecto del cual debemos redimir un rollo de la Torá que está en manos gentiles aplica para el caso en que se tema que estos le falten el respeto, pero de no ser así no es obligatorio rescatarlo (39:17).

De todas maneras, otra solución es actuar de acuerdo con la opinión de Maimónides quien escribió: “Un rollo de la Torá apto para su lectura pública debe ser tratado con sumo respeto…” (Hiljot Sefer Torá 10:2). Vemos que pone acento en el hecho de que el rollo sea apto para su lectura pública, pues de no estarlo “debe ser considerado como un libro de la Torá encuadernado que es usado para enseñar a leer a niños pequeños y carece de la santidad especial del rollo” (ídem 1). Por lo tanto, quizás se podría considerar la posibilidad de traer a grupos emergentes que aun no son judíos rollos de la Torá no aptos para su lectura pública y que por lo tanto carecen de santidad suficiente.

El rezo en San Salvador fue una verdadera experiencia espiritual, el servicio fue conducido en completo silencio, con cánticos y alabanzas, con melodías bonitas y la dulce voz de los distintos oficiantes. ¿Acaso es razonable excluirme de semejante público y no responder amén a las bendiciones que estas personas recitaban? La Mishná en el Tratado de Berajot (51(B)) establece que “se responde amén después que un judío recita una bendición, mas no después que un samaritano la recita, siendo necesario haber escuchado previamente toda la bendición recitada”, a lo cual la Guemará agrega “se responde amén a todas las bendiciones recitadas menos las de los niños pequeños pues las dicen para aprenderlas (53(B)).  Un samaritano representa en la Guemará a una persona que no es judía, mas incluso en este caso, si un judío escucha toda la bendición recitada y le queda claro que está destinada al D´s de Israel se puede responder amén.

En el Talmud Jerosolimitano leemos: “un gentil que bendijo a D´s se le responde amén” (Tratado de Berajot 8:8). En el Tur se dictaminó que (Oraj Jaím 215) que se puede responder amén a la bendición recitada por un gentil, aunque no se la haya escuchado completamente pues “los gentiles no suelen asociar a D´s con idolatría”. En la práctica halájica, Ramá sentenció que si se escucha una bendición recitada por un gentil se responde amén.

Si bien al responder amén a la bendición recitada por una persona que no tiene el deber de bendecir como es el caso de un gentil o alguien en proceso de conversión el judío no cumple por su intermedio con su deber propio, el responder amén implica estar de acuerdo con lo recitado, tal como dice el Shulján Aruj “deberá responder amén con la intención de que la bendición recitada es verdadera y yo creo en D´s” (Oraj Jaím 124:6).

En este caso, las cuestiones son aun más sencillas pues no se trata de gentiles que abrazan una fe pagana, sino que se trata de personas que creen en el D´s Único y están en proceso de conversión. Por eso, tras asesorarme con algunos eruditos, entre ellos con el Rabino Tzión Boarón Shelit”a parece que no sólo se puede sino que es preceptivo responder amén a las bendiciones recitadas por mis anfitriones salvadoreños, así como también al “Barjú”, el “kadish” y la “Kedushá”, aunque no sean todavía judíos. Si bien el “Barjú” debe ser recitado en presencia de minián, aunque se lo haya recitado sin quorum no se trata de una bendición en vano, sino que simplemente en este caso no alcanza el status de “davar shebakdushá” o “enunciado de santidad”.

Las autoridades halájicas escribieron principalmente respecto del status intermedio del prosélito que se encuentra en proceso de conversión, como por ejemplo, quien “se circuncidó mas todavía no se sumergió en la mikvé” y por ello está a mitad de camino entre la circuncisión que es el inicio del proceso y la inmersión que es su culminación. Sin embargo, no escribieron extensamente sobre el prosélito que estudia de cara a su conversión, pero todavía no se presentó ante un tribunal rabínico. En mi opinión, el prosélito que estudia previo a presentarse ante el tribunal de conversión como una categoría nueva y especial de status totalmente diferente del de un gentil.

Más aun, me parece que no es correcto usar el vocablo “goi” (gentil) para denominar a una persona que se encuentra en proceso de conversión. Generalmente, este vocablo se emplea para denotar que no sólo se trata de un no judío, sino que además es “extraño” u “otro”, alguien que se encuentra fuera del campamento de Israel ya se trate o no de una persona idólatra. Por ello, en mi opinión, corresponde cambiar la retórica que empleamos y denominar prosélito (“guer”) a quien todavía no terminó su proceso de conversión.

El Tzitz Eliezer (X 25:2) versa sobre la pregunta de si un prosélito que se circuncidó pero aun no se sumergió en la mikvé debe o no cumplir con todos los preceptos de la Torá sin haber finalizado su proceso, a lo cual responde: “Si bien no concluyó su conversión de todas maneras ya ingresó un poco en la religión judía y solo requiere de sumergirse en la mikvé… y una vez que inició su camino en el judaísmo que no lo profane…”, o sea, existe un status especial para quien comenzó su camino en el judaísmo, quien aceptó ya cumplir con los preceptos mas no ingresó aun por completo al pueblo judío.

Asimismo, en mi opinión corresponde considerar a quien se encuentra en proceso de conversión como una persona que salió del ámbito de la impureza de las naciones pero que no ingresó aun a la generalidad del pueblo de Israel. Especialmente aquellos que creen en HaShem, cuidan Shabat, se esmeran en cumplir cada precepto de la Torá, abandonaron la fe cristiana, se visten con recato y hasta sufren de presión social por parte de la población no judía. ¿Habremos de referirnos a ellos como a gentiles paganos e ignorantes o acaso como judaizantes, personas que buscan unir su destino al del pueblo judío mas aun no se sumergieron en la mikvé en presencia de un tribunal de conversión?

Por Rabino Eliahu Birnbaum

Pesaj en Los Cárpatos

Reflexiones de una fiesta de Pesaj que pasé en el extranjero – la búsqueda de las raíces familiares y Munkatsch como microcosmos judío.

Tras mucho pensarlo, decidimos celebrar la noche del Seder y pasar los días festivos de Pesaj fuera de Israel. La compañía “Shai Bar Ilán” ofreció a sus clientes un programa de Pesaj en los montes Cárpatos con paseos diarios a las aldeas judías para aprender sobre la historia singular de esta región e investigar las raíces de sus descendientes. Nos sumamos a este viaje para conocer y buscar las raíces de la familia de mi padre Z”L en esta región que fue la cuna del movimiento jasídico

Mi abuelo, Eliahu Iehuda Zusman, cuyo nombre recibí, nació en la ciudad de Satmer, falleció en 1930 y está enterrado en la localidad de Chap, hoy en la frontera entre Ucrania y Hungría. Mi abuela Jaia fue llevada desde Transilvania a la muerte en Auscwitz en 1944. En términos generales la familia vivió en diferentes sitios de Transilvania y Marmoresh, Siguet, Tesht, Arad, Sirt, Munkatsch y Chap. Si bien ya he recorrido no pocas partes del mundo en general y del judío en particular, no me había hecho tiempo de conocer el sitio de origen de mi familia, y de esa forma en Pesaj pude cumplir con la premisa de nuestros sabios según la cual “en cada generación una persona debe considerar que él mismo salió de Egipto” amén de conectarme más estrechamente con mis raíces familiares en estos confines de los Cárpatos.

La visita al pueblo de origen de mi abuelo y mi padre me permitió entender asuntos de los que no era consciente años atrás.

No creo que sea indispensable visitar el sitio de origen para profundizar Enel conocimiento de las raíces familiares, empero hasta el día de hoy la vida en estos confines no se diferencia radicalmente de la que se tenía a principios del siglo XX y la visita nos permite echar un vistazo a la existencia judía y su cultura siguiendo la idea de que una persona es el fruto del paisaje en el que nace y crece.

¿Qué lleva a una persona a leer libros y visitar sitios de internet en pos de reencontrarse con sus orígenes? ¿Acaso se trata solamente de la curiosidad por saber de dónde viene y a dónde va? ¿O acaso se trata de una necesidad espiritual que conecta a la persona con su árbol genealógico no solamente desde una perspectiva biológica sino como una cuestión de identidad?

Tras un breve muestreo que realicé entre mis amigos resulta que la mayoría de nosotros desconoce el marco familiar del cual proviene. Pocos son quienes pueden describir a su familia más de una o dos generaciones atrás. La mayoría de las personas desconoce quiénes eran los padres de sus abuelos, dónde vivían o cuál era su estilo de vida. Si bien ya se han dicho muchas cosas respecto de la necesidad de las personas de basar el futuro en su pasado, cosas como, por ejemplo: “quien carece de pasado, carece de presente y su futuro está envuelto en tinieblas, empero parece que esta expresión está más vinculada a la necesidad de los individuos por conocer su historia nacional y la del colectivo al cual pertenece.

Solemos conocer mucho mejor nuestra historia nacional que nuestro relato familiar. La historia colectiva la estudiamos en el colegio mientras que no todos tienen el mérito de poder escuchar el propio relato familiar de boca de sus padres o abuelos y tratar de reconstruirlo, a veces, suele asemejarse a armar un rompecabezas a partir de un sinnúmero de fragmentos. Probablemente, antes del holocausto la situación era diferente. Es probable que el exterminio interrumpió la cadena de transmisión de las tradiciones familiares que van de generación en generación. Es probable que esta búsqueda del narrativo familiar se trate de un proceso derivado del postmodernismo, o sea, desconectarse del narrativo colectivo para construir un nuevo relato personal.

La historia no solamente es una apasionante disciplina de estudio sino también una herramienta individual de autoconocimiento personal, colectivo y del mundo circundante.

Creo que investigar las raíces familiares es una forma de conferirle a la historia general un sentido personal. El Rabino Jonathan Sacks explica magistralmente la diferencia entre historia y memoria personal y la necesidad de investigar el origen familiar: “Existe una abismal diferencia entre historia y recuerdo personal, la historia es la crónica de un evento que acaeció en otra época a otra persona. Recuerdo es el relato de un evento que me ocurrió a mí por lo que es parte de mi persona y de quien soy. La historia es información mientras que el recuerdo es parte de una identidad…sin recuerdo no hay espacio para una identidad…y así como ocurre con las personas individuales otro tanto acaece con las naciones: se posee una identidad continua solamente en la medida que se pueda recordar de dónde se viene y quiénes fueron los antepasados…ser judío implica saber que más allá de la historia, está la misión de recordar”. La región de los Cárpatos, o como es denominada- Zacarpatia, era parte del Imperio Austrohúngaro hasta el final de la Primera Guerra Mundial y luego fue cambiando de manos entre rumanos, húngaros, eslovacos, polacos y ucranianos. Hoy en día esta región se reparte entre los diferentes países que la limitan con los Montes Cárpatos. En el pasado esta región estaba asociada con el acervo cultural judeo húngaro tradicional. Hasta el holocausto vivieron aquí unos cien mil judíos. En la actualidad, del lado ucraniano de los montes hay solo unos mil, especialmente en las ciudades de Host, Hughorod, Ungwar y Munkatsch.

Existen diversas opiniones respecto del origen de la presencia judía en los Cárpatos, empero es claro que la primera ola migratoria proveniente de Galizia y Ucrania es posterior a las masacres de 1648-9. La mayoría de la población en general y de los judíos en particular habitaban aquí en pequeños pueblos y aldeas y muchos de ellos eran paupérrimos. En esta región surgieron los grupos jasídicos de Satmer, Tzantz y Munkatsch. Distintos líderes jasídicos actuaron en esta región incluido el fundador del movimiento Rabí Israel Baal Shem Tov, aquí nacieron algunos de los premiados con el Nóbel como Isaac Bashevis Singer, Shai Agnón y Elie Wiesel.

Una de las ciudades principales de la región carpática era Munkatsch que se encuentra a orillas del Rio Laturitza. Hasta el final de la primera guerra mundial esta ciudad se encontraba del lado húngaro del Imperio Austrohúngaro y hasta la víspera del holocausto era la principal comunidad de esta región de los Cárpatos y contaba con 14.000 judíos. En la actualidad Munkatsch es denominada Mokchevo y es una ciudad ucraniana en la que viven no más de cien judíos.

En el mundo judío, esta ciudad es conocida en virtud del líder jasídico Rabí Jaím El’azar Shapira, fundador del grupo jasídico local y acérrimo oponente del sionismo. La vida judía en Munkatsch floreció entre polos opuestos, entre un grupo jasídico anti sionista y los partidarios del sionismo, entre los ilustrados egresados de la preparatoria hebrea y quienes abandonaron la religión. Asimismo, existieron grandes discusiones y pleitos entre los distintos grupos jasídicos que convivían en la ciudad: Belz, Satmer, Sapinke y Vishnitz junto a opositores al jasidismo, neólogos, reformistas y comunistas, Beitar y Hashomer Hatzair, todos debatían unos con otros. Visitando las calles del otrora barrio judío de Munkatsch, en el patio de la residencia de su líder jasídico homónimo en pleno ghetto, no pude evitar imaginar cómo era la ya extinta vida judía en esa localidad. A final de cuentas llegué a una triste conclusión que en cierta forma empañó la alegría festiva: “no hay nada nuevo bajo el sol”. Munkatsch fue un microcosmos de la existencia judía. Aquí convivían judíos que detentaban distintas perspectivas de vida tanto en lo político como en lo religioso en un estado de permanente debate y discusión sin lograr desarrollar un vínculo de amor y hermandad entre sí.

Por Rabino Eliahu Birnbaum

Judaísmo etíope

El Shabat, en el cual leímos la porción de “Lejlejá”, lo pasé en las localidades de Adís Abeba y Gondar junto a los remanentes de las comunidades judías que allí quedaron, o parafraseando al legendario viajero Rabí Yaakov Sapir: “junto a los apartados hijos de Israel allende los ríos de Etiopía”. Si bien en el pasado visité en Etiopía a nuestros hermanos de “Beita Israel”, se cumplieron en mi persona las palabras del Baal Shem Tov: “cuando una persona visita un lugar una vez debe volver a él más adelante, ya que todo ser humano debe tener muy presente que todos sus andares y sus viajes no son fruto de la casualidad -Dios nos libre- sino que dependen de la Divina Providencia individual de cada quien…” (Comentario del Baal Shem Tov a la Torá a la porción de “Lej Lejá”).

La primera sorpresa de mi viaje la tuve durante el vuelo a Adís Abeba. Dos de las azafatas que acompañaban el vuelo detentaban nombres que aluden al nexo especial entre el pueblo judío y el etíope. Una de ellas se llamaba Saba (Shvá) como la reina etíope que visitó al Rey Salomón y de cuya unión nació Menelik, y la segunda aeromoza se llamaba sencillamente Jerusalém. Muchos d ellos nombres en Etiopía guardan un vínculo con el judaísmo y el pueblo de Israel y la en general la población de este país es muy respetuosa de nuestro pueblo. En una de mis caminatas por ese país un grupo de jóvenes se me acercó exclamando: ¡“Jois”! (“judío”). Como buen judío orgulloso de su origen les pregunté de inmediato si tenían algún problema con ello a lo que me respondieron que no, que simplemente ellos amaban a los judíos.

También después de aterrizar, se revelan ante los ojos del visitante tesoros naturales y paisajísticos de los más bonitos en el mundo. Etiopía posee un carácter único, bíblico. Quien pasea entre sus ciudades y pueblos, entre sus sendas y pequeñas aldeas, siente que deambula por la tierra de la Biblia. Al andar por esta tierra se percibe la sensación del encuentro con algo primigenio, natural, limpio y puro.

Quien visita Etiopía siente que va para atrás en la máquina del tiempo, no cientos sino miles de años. Parece como si el tiempo se hubiese detenido, las marcas de la occidentalización y el desarrollo no llegaron aun a este país y si lo hicieron no se hacen notar, ni en la cultura, ni en el estilo de vida, ni en la conducta de las personas ni en la civilización original que es agrícola.

Desde tiempos pretéritos y hasta la actualidad la agricultura ha sido la principal fuente de sustento de la población etíope. Los métodos de producción ancestrales se preservan con gran apego manteniendo así un carácter bíblico. En muchos sitios puede verse gente arando, sembrando, trillando o aventado la cosecha para limpiar así el grano. No es necesario alejarse para ver personas labrando la tierra con sus propias manos o ayudadas por un buey, y de esa manera se genera un ambiente arcaico a lo largo y ancho del país.

Quien desee aprender las treinta y nueve labores que prohíbe la Torá realizar en Shabat puede hacerlo sin ayuda de ilustraciones o videos, sencillamente debe venir a Etiopía. Allí encontrará a cada paso alguna de estas labores en realización tal como se llevaban a cabo en tiempos bíblicos o talmúdicos. En cada rincón es dable ver la realización de alguna labor como por ejemplo el hilado de la lana, el tejido en el telar,  conservando todas fielmente su pasado bíblico.

Empero, no solamente el paisaje es tanto bíblico como primigenio, sino que también la religión allí imperante, el cristianismo. El cristianismo en Etiopía se remonta al siglo cuarto de la era común. Esta forma de cristianismo es muy antigua y exhibe influencia judía. El cristianismo ortodoxo etíope todavía cuida parcialmente el Shabat, circuncida a sus hijos, come vegetariano durante parte de la semana. Es interesante notar la semejanza existente entre los nombres de los días de la semana etíopes con los hebreos. El domingo en amharit se dice ud (uno, o se adía primero como en hebreo), el lunes es denominado “senio” (segundo), el martes “maksanior” (tercero), el miércoles es llamado “rov” (cuarto), el jueves jamush (quinto), el viernes “arav” similar al hebreo “erev” que significa “víspera” (del sábado) y el Shabat es llamado “kuma” (día primigenio) o “sanbat”.

Para entender mejor la cultura etíope es importante recordar una cuestión muy delicada, el pueblo etíope no se ve a si mismo como africano ni como nación de esclavos de piel negra. Si bien Etiopía se encuentra en el continente africano, pero se respiran en ella simultáneamente aromas de oriente y occidente. Desde un punto de vista bíblico el pueblo etíope se diferencia de las demás etnias africanas que son identificadas como descendientes de Jam y Canaán hijo de Noé sobre quien está dicho: “maldito Canaán esclavo de esclavos será para sus hermanos” (Génesis 9:25). El pueblo etíope se identifica como descendiente de Sem hijo de Noé, o sea, de origen semita. Esta percepción tiene también su origen en la leyenda que se transformó en ethos nacional que adjudica el origen de la nación al príncipe Menelik, hijo de la Reina de Saba y el Rey Salomón y de los emisarios que envió el Rey Salomón desde la tierra de Israel hasta Etiopía, los cuales también eran descendientes de Sem y no de Jam.

Viajando entre las aldeas en las que habitaban los judíos hasta que emigraron a Israel llegué hasta la localidad de Ambobar. Estas aldeas están hoy vacías de judíos y muchas de estas alojan en la actualidad población etíope gentil que preservó tanto las sinagogas como los cementerios tradicionales. Generalmente las aldeas judías en Etiopía se construían a la orilla de un rio ya que sus habitantes cuidaban celosamente las reglas de pureza e impureza por lo que solían sumergirse ritualmente con frecuencia.

En la ladea de Ambobar entré a la antigua sinagoga judío de Beita Israel. Se trata de un edificio pequeño y sencillo construido de adobe con techo de quincho. La puerta de entrada estaba cerrada por lo que fue necesario empujarla con fuerza ya que con el tiempo la puerta se fue pegando a su marco. Al entrar, un universo completo se presentó ante mis ojos: la sinagoga se encontraba vacía tanto de personas como de mobiliario, pero estaba repleto de voces de plegarias y añejos anhelos de sus judíos, las oraciones y los cánticos de Beita Israel se encontraban aun presentes, tal como escribiera el Rabino Dov HaLevi Soloveitchik en su artículo “El secreto de una sinagoga”:

“La congregación de Israel (“Kneset Israel”)… no es solamente un cúmulo de personas… existe la congregación de Israel manifiesta que está compuesta por nuestros contemporáneos, o sea, unos trece millones de personas y está la congregación oculta de Israel que incluye a cada judío que haya vivido alguna vez y no solamente los de nuestra actual generación. Esta congregación atemporal incluye a todos aquellos cuyos nombres fueron eternizados y cuya memoria perdurará por siempre. La sinagoga incluye a toda la congregación de Israel en su totalidad… y de este misterio tremendo se deriva su santidad”

Empero, por encima de todo, la gran experiencia fue el encuentro con los judíos etíopes que aun quedan en ese país junto a su rabino Menajem Waldman Shelit”a. Estos judíos preservaron su tradición bíblica con gran entrega y sacrificio viviendo según la Torá en una tierra extraña que no los recibía de buena gana. Sión y Jerusalém estuvieron y están aun en sus corazones y en sus plegarias. En Gondar vi un niño al cual le pregunté si ya había estado en Jerusalém a lo que me respondió que sí, le pregunté cómo y cuándo, y me dijo: en un sueño.

Una leyenda de los judíos etíopes cuenta que en los meses del invierno de la tierra de Israel que son los de la primavera en Etiopía, los pájaros, y especialmente las cigüeñas migraban hacia esta y cuando los judíos las veían les preguntaban: ¿qué tal está Sión? ¿cómo está Jerusalém?

Hasta el día de hoy los judíos etíopes recitan antiquísimas plegarias dedicadas a Jerusalém: “A ti Jerusalém, a quien recuerde a Jerusalém, todo el pueblo es Jerusalém, servid a Jerusalém, tu muro Jerusalém, Jerusalém fue bendecida”.

En la comunidad de Adís Abeba tanto los ancianos como los jóvenes acostumbran a culminar sus rezos no entonando la canción “Yo creo con fe absoluta en el arribo del Mashíaj” sino “Apiádate con tu misericordia de tu pueblo, oh Dios, de Sión recinto de tu gloria…”. Me es difícil de describir la emoción que me embargó cuando escuché a los remanentes de la comunidad judía de Etiopía rezar por el bienestar de sus hermanos que ya viven en la tierra de Israel y en Jerusalém. Quiera Dios que en mérito de estas plegarias se cumplan pronto las palabras del profeta Isaías: “Entonces acontecerá en aquel día que Dios habrá de recobrar de nuevo con su mano, por segunda vez, el remanente de su pueblo que haya quedado en Asiria, de Egipto, de Patros, de Cush (Etiopía), de Elam, de Sinar, de Hamat y de las islas del mar. Y levantará un estandarte a las naciones y juntará a los desterrados de Israel y reunirá los esparcidos de Judá de los cuatro confines de la tierra” (Isaías 11:11-12).

Por Rabino Eliahu Birnbaum

Esmirna: 12 sinagogas y nadie quien las ocupe

Quien deambula por las callejuelas del mercado de Esmirna-Turquía, se encuentra con un triste escenario. Doce sinagogas, que representaban el pasado esplendor de la judería local se encuentran desiertas, vacías casi por completo de personas y en algunos casos también de su mobiliario. Tal como reza la letra de la canción: “no es agradable ver un jardín de infantes vacío”, podemos agregar que tampoco es “agradable ver una sinagoga vacía”. También el encargado de una de las sinagogas que era mi guía en este paseo, entre sinagoga y sinagoga se lamentaba por lo que hubo y ya no hay, e incluso condimentó sus suspiros con expresiones en ladino, su idioma por generaciones.

El número de sinagogas que se encuentran una al lado de la otra en la ciudad vieja de Esmirna, en el barrio Camaralty (bajo los arcos) nos enseña que la comunidad que aquí habitaba era muy diversa y estaba compuesta de diferentes públicos. Cada sinagoga pertenecía a otra diferente comunidad o a una diferente ola migratoria. Cada sinagoga cuenta con un diseño, una tradición de rezo y un estilo propio. Doce diferentes sinagogas, doce como las tribus de Israel, conjuntamente conforman un colorido y original mosaico histórico de la comunidad de Esmirna a lo largo de las generaciones.

La comunidad judía de Esmirna se encuentra sobre la costa turca del mar Egeo y esta ciudad que es hoy la capital de la región de Aydeen, fue una de las más grandes y florecientes de todo el imperio otomano. Aquí los judíos disfrutaron de libertad religiosa y contaron con un sistema educativo propio, así como también de un tribunal rabínico comunitario. La comunidad de Esmirna servía como ejemplo para muchas de las comunidades judías de oriente. El Rabino Jaim Palagi (1788-1869) una de las figuras más importantes de la ciudad, escribe lo siguiente sobre Esmirna:

“La más esplendorosa entre todas las comunidades…toda ella es hermosa y está adornada con los ornamentos de la Torá, de los preceptos y de los actos de caridad…” (Lev Jaím, II Oraj Jaím 148).

Sin embargo, la ciudad que fue el sitio de residencia del Rabino Palagi y de Shabetai Tzví, amén de innumerables eruditos, sinagogas, yeshivot y cuyas calles estaban repletas de judíos es hoy simplemente un recuerdo del esplendor pasado.

La comunidad judía de Esmirna es muy antigua, tenemos evidencia de presencia judía en el lugar desde el inicio del cristianismo, e incluso el Nuevo Testamento confirma esta hipótesis (Revelaciones 2:8). Hay quienes sostienen que la presencia judía es aún anterior y se remonta a los días de Alejandro Magno (356-323 A.E.C.).

En la edad media la presencia judía fue reducida, pero se incrementó hacia el siglo XVI cuando llegaron a la ciudad sefaradíes expulsados de España, así como también judíos de ciudades vecinas y también los romaniotes provenientes de Yanina – Grecia, Salónica, Corfú y Rodas. A finales del siglo XIX llegaron también judíos ashkenazíes de Rusia y Polonia. En Esmirna se asentaron judíos que eran por todos llamados “Francos” y eran principalmente comerciantes de origen portugués.

El imperio otomano invitó a judíos expulsados de España y Portugal para que se asienten en sus dominios, y es así como llegaron miles de judíos a Turquía y Marruecos quienes con el correr del tiempo se transformaron en un factor preponderante de la vida económica y cultural de esos países.

La primera ola migratoria de judíos españoles hacia el imperio otomano no pasó por Esmirna durante buena parte del siglo XVI y recién en sus postrimerías, cuando la ciudad se transformó en un puerto central, las diferentes comunidades judías comenzaron a asentarse.

Con el correr del tiempo la población judía de Esmirna fue decreciendo. En 1868 vivían allí unos 40.000 judíos y para principios del siglo XX muchos habían ya emigrado hacia Grecia, Francia, Estados Unidos, Argentina y México quedando en la ciudad solamente unos 25.000. Tras el establecimiento del Estado de Israel unos 10.000 judíos hicieron aliá. Actualmente viven en Esmirna unos mil judíos y en toda Turquía unos 18.000 y la tendencia demográfica general es decreciente. Existen también comunidades muy pequeñas en Ankara, Bursa y Badena.

Si bien Esmirna es una ciudad importante dentro de la República de Turquía, que es de orientación musulmana, no vi en las calles mujeres vistiendo el velo tradicional ni percibí señal alguna de islamización. La ciudad es considerada de carácter moderno y secular y este es también el espíritu de sus habitantes. Por ello los judíos viven aquí cómodos y seguros y fue también mi sensación personal durante la visita.

Me parece que en Esmirna se aplica cabalmente el viejo chiste del judío que está solo en una isla y construye dos sinagogas. Con el correr del tiempo cada comunidad construyó su propia sinagoga adecuada a sus preferencias y de esa manera se fueron conformando divisiones religiosas, sociales y halájicas varias.

La población judía de Esmirna estaba conformada por grupos de diversos orígenes, que hablaban diferentes idiomas y detentaban diferentes costumbres. Cada ola migratoria trajo consigo las tradiciones de su país de origen. Es así que se fueron estableciendo comunidades y erigiendo sinagogas según las identidades étnicas de cada grupo. Sin embargo, más allá de la diversidad de congregaciones la gran mayoría de los judíos se asentó en el área cercana al mercado central de la ciudad. El campanario que está colgado en el portón de entrada al mercado anuncia todavía cada viernes la llegada del Shabat en recuerdo de la gran y pujante comunidad que otrora habitara la ciudad.

De las cuarenta sinagogas anteriormente existentes hoy quedan en Esmirna solamente trece, doce de las cuales están localizadas en el mercado. Varias de las sinagogas conservan aun su carácter particular e imbuyen a quien las visita en una atmósfera de rezo y sitio de reunión mientras que otras se encuentran en avanzado estado de deterioro. En los últimos años ha tenido lugar un proceso de reciclado edilicio de las sinagogas y se ha abierto un museo sobre la judería local.

Cada sinagoga posee un nombre propio, un carácter que lo define y un narrativo fundacional que lo caracteriza. En el año 1690 se fundó la sinagoga “Bikur Jolim”, la sinagoga “Shalom” (también llamada “Shabetai Tzví” o “Kahal de Abasho”) aparentemente fue establecida en el siglo XVII. La sinagoga “HaPortuguezi” fue fundada en 1710, “Majzikei Torá” en 1722, la sinagoga “Algazi” (llamada también “Kahal de Arriba”) en 1728 al igual que las sinagogas “Etz Jaím”, “Beit Hilel” y “Shaar Hashamaim”. La sinagoga “Hasiniora” rinde homenaje en su nombre a Doña Grazia Nasí, y según lo indica la tradición ella misma la mandó construir. La sinagoga Shalom fue erigida en 1800, las sinagogas “Forasteros” y “Beit Leví” son del año 1898. A comienzos del siglo XX se construyó la sinagoga “Beit Israel” sinagoga más grande e impactante de Esmirna para cuya construcción se trajeron artistas desde la mismísima Italia.

En la actualidad, tres sinagogas siguen funcionando como tales: “Shaar Hashamaim”, “Bikur Jolim” y “Beit Israel”.

Incluso los nombres de las sinagogas de Esmirna resultan especialmente inspiradores. ¿Dónde se vio en el mundo que una sinagoga reciba el nombre de “Siniora”, homenajeando así a una mujer, o sinagogas con el nombre del país de origen como en el caso de “Portugal” o el de la sinagoga “Forasteros”, o sea extranjeros?

La sinagoga portuguesa es considerada la más antigua de la ciudad. Su diseño arquitectónico refleja no solamente un estilo sino un contenido y una significación. La tarima posee la forma de la proa de un barco. Este edificio fue erigido por criptojudíos portugueses que lograron escapar de las fauces de la persecución llegando a Turquía en el siglo XVI y usaron una parte del barco que les salvó para elaborar la tarima o bimá central de la sinagoga.

Uno de los fenómenos interesantes que son dables de constatar y que tienen por objetivo reforzar la comunidad y preservar las tradiciones es que se recoge en minibús a los judíos para que completen minián en Shabat en la sinagoga “Beit Israel” y de esa forma mantenerla abierta y activa.

La sinagoga no es vista simplemente como cuatro paredes sino como una entidad significativa poseedora de vida propia. De esa forma la sinagoga pasa de ser objeto a ser sujeto. Si bien una persona religiosa al escuchar sobre esta práctica puede que le resulte sumamente llamativa, es importante recordar que muchas veces los judíos no buscan preservar la halajá o la religión sino la tradición. Rezar en la misma sinagoga que lo hicieron sus padres es parte de esa tradición, “yo continúo lo que hicieron mi padre y mi abuelo” – me dijo uno de los judíos en la sinagoga, y a veces la tradición se guarda mejor que la religión.

Por Rabino Eliahu Birnbaum